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Messi, ante el partido más difícil de su vida

Foto: FC Barcelona

Por Cecilia Caminos (dpa)

Más allá de todas las finales y los récords batidos con el Barcelona, Lionel Messi está a horas del partido más complejo de su vida, el que puede llevar a la Argentina a Rusia 2018 o el que puede dejar al bicampeón afuera de un Mundial por primera vez en casi 50 años.

Más que nunca, Messi deberá ponerse el equipo al hombro cuando Argentina visite mañana a Ecuador en la desafiante altura de Quito en busca del triunfo en la última fecha de la eliminatoria sudamericana. Argentina está ahora mismo sexta de la clasificación, fuera del Mundial e incluso un puesto por detrás del lugar que da opción a la repesca.

Messi, de 30 años, atravesó todo lo imaginable con la camiseta argentina -desaires, lesiones, renuncias, sanciones-, pero su amor por la “albiceleste” y su afán por conseguir lo único que le falta a su increíble palmarés, un título con la selección, lo mantiene en pie.

Ganador de cinco Balones de Oro, el crack vivió su noche más triste aquel 26 de junio de 2016 en Nueva Jersey, donde Argentina perdió su tercera final consecutiva: Mundial de Brasil 2014 y Copas América de 2015 y 2016. Golpeado por ello y ante la profunda crisis institucional del fútbol argentino, esa noche decidió renunciar a la selección argentina.

Dio marcha atrás meses después, pero nadie quiere imaginar qué podría pasar tras un mal resultado en Quito.

Mucho se habló de la actitud del delantero estrella cuando juega en la selección argentina. Y la comparación con Diego Maradona siempre fue su karma.

“Los 80 y los 90 fueron de Maradona, estos últimos diez años, de Messi. Por supuesto, Maradona ganó también un Mundial (en México 86), sí. Messi todavía tiene que ganar un Mundial”, indicó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en una entrevista publicada hoy por el diario “La Nación”.

Messi recorrió su propio camino y a fuerza de gol y esfuerzo se ganó el cariño de la desconfiada hinchada argentina. Cambió esos instantes de desconexión, con los brazos en jarra y la mirada perdida en el suelo, para convertirse en un sutil guerrero que recorre todo el campo de juego, retrocede a buscar el balón para arremeter hacia el arco rival siempre rodeado por una marca múltiple y buscar el gol que últimamente tanto se le niega.

Anotó cuatro goles en los nueve partidos que disputó en la eliminatoria rumbo a Rusia 2018, en una etapa de sequía en que Argentina es el segundo equipo con menos dianas, 16 en 17 partidos, sólo detrás de Bolivia.

“Le pedimos a Messi cosas que no es o le pedimos lo que quizás no puede dar a partir de un ideal. Hay que disfrutarlo como es. Mientras sigamos pidiéndole cosas que no puede dar, o fabricarlo como un salvador, como un nuevo Maradona, estamos equivocándonos nosotros, no él”, señaló a dpa el psicólogo deportivo Marcelo Roffé.

Rusia podría ser el último Mundial del Messi en su mejor momento. Qatar, en 2022, podría ser el escenario de su magistral talento, pero es probable que el paso del tiempo ya comience a notarse.

Como Brasil no pudo ser, Rusia es la gran oportunidad para Messi. Y ahora mismo depende de un solo partido a 2.850 metros de altura frente a un Ecuador ya eliminado pero que quiere calmar su pena derrotando al mejor jugador del mundo.

La ciudad de Quito vio en 2013 a un Messi suplente ante Ecuador. Cuatro años después, y sea cual sea el resultado, la ciudad está pendiente de él y será el escenario de una noche histórica. El capitán, que hace casi un año que no da declaraciones a la prensa argentina, hablará con el balón.

¿Todo depende de Messi? No, pero para él, mañana se jugará todo. Nadie imagina un Mundial sin Messi. Y menos él.

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