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Zapatero aterriza en Caracas y se reivindica como mediador en la “nueva era” de Delcy Rodríguez

El expresidente español llega invitado por el programa de paz impulsado por la presidenta encargada

  • Imagen del encuentro facilitada por el Gobierno de Venezuela

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero ha aterrizado este viernes en Caracas para mantener una reunión con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en pleno arranque de la etapa política abierta tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos a comienzos de año. La cita, celebrada en el Palacio de Miraflores, marca el primer gran gesto internacional hacia la nueva jefatura del chavismo y confirma el papel del exmandatario español como interlocutor privilegiado en la compleja transición venezolana.

Según la oficina de Zapatero, el viaje responde a una invitación cursada el pasado 30 de enero por el coordinador del “Programa para la Paz y la Convivencia Democrática”, una comisión creada por Delcy Rodríguez para intentar canalizar el diálogo entre actores políticos coincidentes y divergentes. El expresidente participa en este marco como experto en negociación, con la misión declarada de compartir sus “opiniones y experiencias en la promoción del diálogo” en un país que busca recomponer sus instituciones tras años de enfrentamiento y crisis.

La agenda de Zapatero en Caracas va más allá del chavismo y prevé encuentros con dirigentes no oficialistas de la Asamblea, entre ellos figuras como Henrique Capriles o Antonio Ecarri, así como con el diputado Enrique Márquez, recientemente liberado tras su paso por la prisión del Helicoide, símbolo de la represión política de los últimos años. Estas reuniones, enmarcadas en la discusión de una amplia ley de amnistía para presos políticos de los últimos 27 años de gobiernos chavistas, buscan otorgar credibilidad a la promesa de apertura de la nueva presidencia.

En sus declaraciones a la prensa a pie de pista, Zapatero subrayó que mantiene una relación “de largo alcance, casi diaria” con Delcy Rodríguez y aseguró tener en ella una “gran confianza”, al tiempo que defendió que en Venezuela “se están dando pasos en tiempo récord” que permitirían al país “respirar” tras “muchos años muy difíciles”. El exjefe del Ejecutivo español insiste en que la presidenta encargada está moviendo fichas hacia la reconciliación nacional y la excarcelación masiva de presos, apoyada en una ley de amnistía que ya ha superado un primer debate parlamentario con respaldo unánime.​​

El desembarco de Zapatero llega, sin embargo, rodeado de controversia en España, donde el Ministerio de Asuntos Exteriores ha remarcado que el expresidente no actúa “en nombre” del Gobierno ni con mandato de La Moncloa. José Manuel Albares, titular de la cartera, ha recordado que la mediación de Zapatero en Venezuela comenzó en 2015 a petición de la oposición y ha sido reconocida tanto por el actual Ejecutivo como por el expresidente Mariano Rajoy tras la liberación de Leopoldo López, aunque ahora el Partido Popular critique con dureza su proximidad al chavismo.

Mientras los focos se posan sobre la foto en Miraflores, en el trasfondo se juega una partida decisiva: la construcción de una “redemocratización” tras la caída de Maduro, articulada en torno a la amnistía, el regreso de exiliados y la posible celebración de elecciones bajo nuevas reglas. Para sectores de la oposición, la presencia de Zapatero puede servir como garantía internacional de que Delcy Rodríguez está dispuesta a compromisos verificables, pero otros temen que su cercanía al chavismo contribuya a maquillar una simple recomposición del poder.

En cualquier caso, el viaje refuerza la imagen de Zapatero como mediador persistente en la crisis venezolana, un papel que desempeña desde hace una década y que ahora vuelve a situarlo en el centro del tablero en la Venezuela post-Maduro. Su reto, y el de la propia Delcy Rodríguez, será transformar los gestos y las fotografías en acuerdos concretos que rebajen la tensión, reparen a las víctimas y devuelvan estabilidad a un país exhausto por años de confrontación.​

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