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Teherán bajo fuego: la capital iraní sufre una lluvia de bombas por parte de Estados Unidos e Israel

Los ataques coordinados de Washington y Tel Aviv golpean sin descanso la infraestructura militar y estratégica de Teherán, mientras se disparan las víctimas

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Ataques en Teherán

Ataques en Teherán

Teherán vive estos días como una ciudad sitiada, sometida a un patrón de bombardeos que, según testigos citados por BBC Persian, se repiten “cada pocas horas” y han convertido las noches en una sucesión de explosiones y apagones. La ofensiva forma parte de la campaña conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel desde el 28 de febrero, con el objetivo declarado de desmantelar la arquitectura militar iraní, empezando por sus misiles y centros de mando en la capital. De acuerdo con cálculos divulgados por Washington y recogidos por la BBC, la coalición ha atacado cerca de 2.000 objetivos en cuestión de días, una intensidad de fuego que no tiene precedentes recientes en el país.

En Teherán, los primeros golpes se centraron en instalaciones clave de los Guardianes de la Revolución y otros aparatos de seguridad, con Israel asegurando haber alcanzado “cuarteles generales de seguridad” repartidos por la ciudad. Think tanks como el Institute for the Study of War describen ataques contra cuarteles del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), incluido el mando de fuerzas terrestres y la Fuerza Quds, en el sureste de la capital, en lo que interpretan como un intento sistemático de decapitar la cadena de mando iraní. A ello se han sumado acciones específicas contra la infraestructura aeroespacial del IRGC y complejos implicados en la producción de misiles, como parte de una estrategia de desgaste prolongado.​

Golpes a los símbolos del poder y a la economía

Más allá del componente estrictamente militar, los bombardeos han alcanzado también espacios cargados de simbolismo político, lo que eleva la sensación de vulnerabilidad del régimen.

CNN, basándose en imágenes satelitales, ha documentado daños y columnas de humo en el complejo del líder supremo en el centro de Teherán, uno de los enclaves más protegidos del país. En paralelo, medios internacionales como PBS NewsHour, apoyándose en imágenes y confirmaciones de la propia televisión estatal iraní, han mostrado un gran incendio en un depósito de petróleo en la capital tras un nuevo ciclo de ataques nocturnos. Ese tipo de objetivos energéticos y logísticos anticipa un deterioro adicional de una economía ya castigada por sanciones y cortes de electricidad recurrentes.

La campaña también ha afectado a refinerías y centros de almacenamiento en y alrededor de Teherán, según informes especializados sobre los últimos ataques de la coalición. Analistas dvierten de que, si los golpes contra el sector energético se mantienen, Irán podría encarar una combinación de crisis de suministro interno y caída de sus exportaciones, con impactos sobre los mercados globales de crudo. Para la población de la capital, esto se traduce en colas en gasolineras, cortes de luz más frecuentes y una inflación adicional, incluso mientras continúan las sirenas antiaéreas.​

El coste humano y el pulso propagandístico

La dimensión humana del conflicto es cada vez más visible, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de disputa en medio de la guerra de narrativas. BBC News cita a la organización iraní Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, que habla de más de 1.000 civiles muertos en todo el país desde el inicio de los bombardeos, una parte significativa de ellos en zonas urbanas densamente pobladas como la propia Teherán.

Al Jazeera, con corresponsales sobre el terreno en la capital, describe barrios enteros sacudidos por impactos sucesivos y a autoridades iraníes que admiten ataques contra instalaciones militares, pero minimizan los daños y evitan ofrecer balances detallados de víctimas.​​

El régimen, golpeado también en su cúpula tras la muerte del ayatolá Jamenei confirmada por medios internacionales días atrás, trata de proyectar una imagen de resistencia y cohesión. Según Al Jazeera, los dirigentes supervivientes se han comprometido a seguir lanzando misiles contra bases estadounidenses en la región y contra territorio israelí, mientras las fuerzas antiaéreas intentan interceptar parte de las oleadas de misiles y drones que siguen llegando sobre Teherán. La capacidad real de respuesta, sin embargo, se ve mermada por la destrucción acumulada de centros de mando, depósitos de munición e infraestructuras de comunicaciones dentro y alrededor de la capital.

Teherán, laboratorio de una guerra de nueva generación

Sobre el terreno, la capital iraní se ha convertido también en un laboratorio de tácticas aéreas avanzadas. Un reportaje de CNN, grabado en la propia ciudad, alude a un “ambiente de zona de guerra” en el norte y centro de Teherán, donde la coalición habría empezado a emplear bombardeos a muy baja altura aprovechando la superioridad aérea casi total. Esa combinación de ataques de precisión contra nodos militares y golpes más amplios contra infraestructura crítica encaja, según expertos consultados por BBC y CNN, en un patrón de campaña diseñado para erosionar simultáneamente la capacidad militar, la logística y la moral del adversario.

Mientras Washington insiste en que su objetivo es obligar a Irán a una “rendición incondicional”, la incógnita clave reside en cuánto tiempo puede prolongarse este nivel de intensidad sin desencadenar una desestabilización aún mayor en toda la región. Con barrios de Teherán sometidos a ataques reiterados, una economía asfixiada y una dirigencia bajo presión, la capital iraní se ha convertido en el epicentro visible de una guerra que, pese a su foco local, tiene implicaciones globales para la seguridad energética, la estabilidad del Golfo y el equilibrio de poder en Oriente Medio.​

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