Hay decisiones que parecen pequeñas en el momento en que se toman, pero que con el tiempo resultan ser el punto de inflexión de toda una vida. Para Zuzanna Skoczylas, esa decisión fue elegir el castellano como segundo idioma extranjero en el colegio. Lo que empezó como una asignatura más en las aulas polacas se convirtió, años después, en su profesión, su hogar y su manera de ver el mundo.
Una filóloga con raíces en Poznań y el corazón en Madrid
Zuzanna estudió Filología Española en la Universidad de Adam Mickiewicz, en Poznań. Allí, entre gramáticas y literaturas, también se formó como docente, porque la universidad permitía cursar simultáneamente una especialización para futuros profesores. Una doble apuesta que, aunque entonces no era evidente, resultaría clave.
Un Erasmus en la Universidad de León le dio su primer contacto real con la España del día a día: los bares, el acento, el ritmo de vida. Pero fue el amor —un chico que vivía en Madrid— lo que terminó de trazar el mapa de su vida. Tras graduarse, hizo las maletas y cruzó Europa.
"Llegué a Madrid con una base muy sólida: la teoría universitaria, el Erasmus, y de repente la jerga de los amigos de mi novio", cuenta entre risas. Esa combinación, poco habitual, es precisamente lo que la distingue como profesora: el conocimiento del español académico y del español de la calle. La capacidad de explicar el subjuntivo y también de reproducir cómo suena una conversación real en un bar de Lavapiés.
Vivir en Madrid: entre dos culturas
Instalarse en una ciudad nueva, en otro idioma y con otra cultura, no es un camino sencillo. Zuzanna, sin embargo, lo señala como una ventaja profesional enorme. "Vivo el español desde dentro. Voy al mercado, discuto con el banco, escucho las noticias, leo los periódicos, me río con las series. Eso es algo que no se puede aprender en un aula", explica.
Esa inmersión total le permite llevar a las clases una frescura que los métodos tradicionales no siempre ofrecen: expresiones de moda, referencias culturales actuales, el tono que usan los madrileños entre ellos. Y al mismo tiempo, como polaca que aprendió el idioma desde cero, comprende perfectamente los errores y las dudas que tiene un alumno de habla eslava enfrentándose al español.
Enseñar desde casa, llegar a todas partes
Desde su apartamento en Madrid, Zuzanna imparte clases de español online —individuales, en pareja y en grupo— a alumnos que en su mayoría residen en Polonia, aunque no siempre: algunos se encuentran de Erasmus en Ámsterdam o de vacaciones en Tokio. La modalidad remota, lejos de ser una limitación, se ha convertido en una de las señas de identidad de su trabajo.
Las clases huyen del modelo tradicional de pizarra y ejercicios en silencio. Se debate, se ven vídeos, se analizan memes y chistes para trabajar el registro informal. En niveles avanzados, los periódicos españoles se convierten en material de trabajo: política, sociedad, actualidad. Español vivo, en definitiva.
El método tiene estructura —"me gusta que el alumno sepa en todo momento qué hemos trabajado y qué queda por trabajar"— pero también flexibilidad. Los deberes forman parte del proceso, pero las clases se adaptan al ritmo y los intereses de cada persona. No es lo mismo preparar a alguien para un viaje a Barcelona que ayudar a otro a comunicarse con clientes hispanohablantes en el ámbito laboral.
Por qué los polacos se enamoran del español
Zuzanna tiene una teoría sobre por qué el español seduce tanto a sus compatriotas: "A un polaco, el español le suena a paseo por la playa, a café en una plaza un martes por la tarde, a una copa de sangría. Es el idioma del verano, de las vacaciones." España es uno de los destinos favoritos de los polacos, y cada vez más familias consideran comprar una casa en la costa o jubilarse allí.
Pero más allá del sol y la playa, las razones para aprender español se han diversificado mucho en los últimos años. Algunos lo estudian por motivos laborales, porque sus empresas tienen clientes en Latinoamérica. Otros quieren entender las letras de sus canciones favoritas o seguir a creadores de contenido hispanohablantes sin subtítulos. Y hay quienes simplemente sienten que el español es un idioma que les encaja, que les sale natural, que les hace sentir de otra manera cuando hablan.
"Cada alumno llega con su historia", dice Zuzanna. "Y eso es lo más bonito de este trabajo: que no hay dos clases iguales."
La mejor manera de aprender es enseñando
La experiencia como docente le ha confirmado dos cosas: que explicar algo a otra persona es la forma más efectiva de consolidar el propio conocimiento, y que nunca se termina de aprender, ni siquiera cuando el castellano se convierte en el casi-primer idioma. Con su trabajo, además, continúa la tradición docente de su familia, algo que tiene para ella un significado especial.
Más información sobre su trabajo y sus clases en tlumaczehiszpanski.pl, donde también ofrece servicios de traducción al español.







