Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán se vinieron abajo tras una larga jornada de contactos en Islamabad, en lo que fuentes citadas por distintos medios describen como el encuentro de más alto nivel entre ambos países desde la revolución islámica de 1979. Según esas informaciones, el diálogo terminó sin avance en el punto central de la discusión: las exigencias de Washington para que Teherán renuncie de forma verificable a cualquier vía hacia un arma nuclear.
El desenlace agrava un escenario ya muy tenso en Oriente Medio. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, sostuvo que Irán “ha elegido no aceptar nuestras condiciones”, mientras un responsable iraní acusó a Washington de no haber logrado ganarse la confianza de su delegación. En paralelo, el frente marítimo volvió a ocupar el centro de la crisis, con el estrecho de Ormuz como pieza clave por su peso estratégico en el comercio energético global.
La escalada no se quedó en la mesa de negociación. En los últimos días, Trump ha endurecido sus mensajes públicos y ha lanzado ultimátums para forzar la reapertura del estrecho, al que considera esencial para el suministro internacional de crudo. En uno de sus mensajes más contundentes, llegó a advertir de que, si Irán no permitía el paso “completamente y sin amenaza”, Estados Unidos golpearía instalaciones energéticas iraníes; en otra comparecencia, fue más lejos al sugerir que una “civilización entera” podría “morir esta noche” si no se cumplían sus شروط.
Las amenazas de Trump han provocado reacciones de rechazo dentro y fuera de Estados Unidos. Medios como France 24 y otras coberturas internacionales subrayan que las declaraciones del presidente han alimentado críticas por el tono y por el riesgo de una nueva escalada militar en una zona ya castigada por el conflicto. Al mismo tiempo, la dimensión económica del pulso es evidente: el bloqueo o la militarización de Ormuz podría tensionar todavía más los precios del petróleo y alterar rutas comerciales vitales.
El choque deja ahora abiertas varias incógnitas. Por un lado, si Washington convertirá sus amenazas en acciones navales o ataques limitados; por otro, si Irán responderá endureciendo aún más su control sobre el estrecho o aceptará volver a una mesa de diálogo bajo fuerte presión. Por el momento, lo único claro es que la ruptura de las conversaciones ha cerrado la vía diplomática inmediata y ha empujado el conflicto hacia una fase de mayor riesgo





