Pamplona Actual

El talento no espera

Por Ignacio Ugalde Barbería, Presidente de ANEL y Director de RRHH y Asuntos Legales de Tafalla Iron Foundry, S. Coop

Publicado: 27/08/2026 ·
09:00
· Actualizado: 27/08/2026 · 09:00

Ignacio Ugalde, presidente de ANEL y director RRHH de TIF

Ignacio Ugalde, presidente de ANEL y director RRHH de TIF

Navarra trabaja y lo hace, además, como pocas regiones de Europa. En junio de este año, el mercado laboral navarro alcanzó un nuevo récord histórico con más de 323.000 personas afiliadas a la Seguridad Social. Una cifra que, leída deprisa, invita al optimismo, pero que, haciendo una segunda lectura, plantea interrogantes que merecen una reflexión más exhaustiva.

¿Estamos maximizando el aprovechamiento del talento disponible? ¿Tenemos todos los agentes que conformamos el ecosistema económico y social de esta tierra, una idea común de los perfiles profesionales que necesitamos en los próximos diez años? ¿Compartimos una base mínima de criterios para que, tanto nuestros jóvenes, a punto de incorporarse al mercado laboral, como las personas llegadas de otras culturas puedan desarrollar aquí una carrera profesional de verdad, acorde a sus capacidades y a las necesidades reales de nuestras empresas?

Hoy, y con la mirada puesta solo en el corto plazo, pueden parecer preguntas incómodas, pero, precisamente por eso, conviene hacerlas ahora.


Navarra vive una transformación demográfica y económica de gran calado. Casi el 19% de su población tiene origen migrante y, solamente en el último año, más de la mitad del nuevo empleo generado en el sector privado fue cubierto por trabajadores de otra nacionalidad. Sin esa aportación, sectores enteros como el agroalimentario, la industria manufacturera, los cuidados o la hostelería, tendrían serias dificultades para funcionar. Pese a ello, una parte significativa de ese talento queda atrapado en empleos de baja cualificación, cosa que no ocurre por falta de capacidad, sino por ausencia de itinerarios adecuados que permitan desarrollarla.

Por otra parte, las nuevas generaciones traen consigo una manera diferente de entender el trabajo, ni mejor ni peor de cómo lo hacemos las generaciones precedentes, es solo diferente. Dan más importancia al equilibrio entre la vida profesional y personal, como parte legítima de su proyecto vital y exigen a las organizaciones coherencia entre lo que proclaman y lo que practican en este sentido. Incorporar esa mirada, en lugar de confrontar con ella, puede ser una ventaja competitiva enorme, pero no es en absoluto sencillo: requiere que sepamos escuchar antes que intentar convencer.

Todo esto ocurre en un contexto en el que la transición digital y la irrupción de la inteligencia artificial reconfiguran las competencias que el mercado va a demandar y lo hacen a una velocidad tal, que ninguna empresa, ningún centro educativo y ninguna administración puede pretender mantenerla en solitario.

Este es el verdadero quid de la cuestión. No es un problema de voluntad ni de recursos, puesto que, afortunadamente, nuestra comunidad goza de ambas, lo que quizás nos falta es un espacio compartido en el que, tanto las empresas, como los centros de formación profesional, las universidades, las administraciones públicas, los sindicatos, los agentes sociales y, por supuesto, los representantes de las nuevas comunidades que han hecho de Navarra su hogar, podamos hacernos estas mismas preguntas. Un lugar de encuentro en el que podamos preguntarnos, juntos, si estamos alineados, si el sistema que formamos entre todos empuja en la misma dirección, que, en definitiva, podamos plantearnos la existencia de una concertación educativa real entre todos los actores que conformamos la sociedad navarra.

Desde el cooperativismo navarro no pretendemos tener la respuesta. Sería arrogante y, además, inexacto. Lo que sí creemos es que el modelo cooperativo, por su propia naturaleza, puede ofrecer un entorno especialmente fértil para explorar estas preguntas. Un sistema organizativo en el que la persona ocupa el centro, donde las decisiones se toman democráticamente, donde el arraigo al territorio no es un slogan sino una práctica cotidiana, y donde el largo plazo prevalece sobre la urgencia del siguiente trimestre, constituye no sólo un entorno, sino mucho más aún, todo un ecosistema natural en el que poder integrar diversidad, cultivar talento y experimentar nuevas formas de relación entre el trabajo y la vida.

No lo decimos como autopromoción, lo ofrecemos como propuesta y contribución, como predisposición explícita a abrirnos, a colaborar y a trabajar codo con codo con todos los agentes que quieran sumarse a esa conversación pendiente y urgentemente necesaria.

Porque esta conversación es verdaderamente urgente. Navarra puede presumir, y con razón, de ser una de las comunidades con mayor calidad de vida del Estado, pero ese liderazgo no se mantiene solo; se construye, se cuida y se renueva. Y para poder materializar esta renovación, debemos invertir en las personas: en los jóvenes que dudan entre quedarse o marcharse, en quienes llegaron de lejos y quieren echar raíces aquí, en quienes necesitan recualificarse para no quedar al margen de una economía que cambia a un ritmo trepidante.

Ningún actor puede hacer esto por sí solo. No puede hacerlo ni la empresa más grande, ni la administración más eficiente, ni el sistema educativo más innovador, pero entre todas y todos, si decidimos sentarnos a una misma mesa para debatir y desarrollar un diagnóstico compartido, con criterios y compromisos consensuados, podremos construir algo que esta tierra merece y que todavía no tiene: un pacto educativo y de talento que esté a la altura de la Navarra que queremos ser.

La pregunta no es si podemos permitírnoslo, la verdadera pregunta es cuándo empezamos.

Por Ignacio Ugalde Barbería, Presidente de ANEL y Director de RRHH y Asuntos Legales de Tafalla Iron Foundry, S. Coop
 

 


 

ÚNETE A NUESTRO BOLETÍN