Alargar el plazo de un préstamo personal: ¿un error o un salvavidas?

A la hora de escoger un crédito, la primera decisión a la que nos enfrentamos es elegir el plazo de amortización y el importe del préstamo. Y es entonces cuando llegan las primeras dudas, pues a nadie se le escapa que escoger un plazo largo rebaja las cuotas mensuales. Alargar el plazo puede ayudarnos a aliviar nuestro bolsillo y a que la cuota resultante sea asequible, pero, sobre el papel, dilatar la duración de un crédito puede ser una ruina. Un ejemplo: si solicitamos 10.000 euros al banco con un tipo de interés del 7,07 %, que fue el tipo de interés medio de los créditos al consumo del mes de noviembre, y devolvemos el capital en tres años, el coste de la financiación será de 1.127 euros, pero si doblamos el plazo, los intereses ascenderán a 2.299 euros. Eso sí, las cuotas mensuales disminuirán a casi la mitad.

Solemos creer que la variable que más efecto tiene sobre el coste de un crédito es el tipo de interés. Y, si bien es cierto que importa y no está de más que nos decantemos por préstamos personales baratos, el plazo también juega un papel fundamental, ya que los intereses se generan durante el tiempo que disfrutemos del capital prestado, por lo que a mayor duración, más intereses.

Desde el comparador de productos bancarios líder del mercado HelpMyCash.com recomiendan acotar lo máximo posible el plazo, pero sin desatender el importe de las cuotas. No debemos dedicar más de un 35 % de nuestros ingresos al pago de las deudas. Si seguimos la regla anterior, un mileurista podría dedicar, en teoría, 350 euros al pago de un préstamo si no sumase más deudas sobre sus espaldas. Escoger una cuota mayor acortaría el plazo, pero podría desequilibrar nuestras finanzas con facilidad ante cualquier imprevisto. Optar por una cuota menor, señalan desde el comparador, aliviaría nuestra economía mensual, pero alargaría el plazo y encarecería la financiación. El truco consiste en ajustar las cuotas lo máximo posible.

Escoger un plazo largo para blindarnos ante imprevistos

No podemos obviar las ventajas de escoger un plazo de amortización largo: unas cuotas reducidas nos permiten hacer frente a la devolución del crédito de forma más relajada y, sobre todo, aumentar el margen de maniobra en caso de que surja un imprevisto. Si, por ejemplo, nos quedamos en paro o un mes algún recibo se dispara por encima de lo habitual, agradeceremos tener que hacer frente a una cuota poco abultada. Pero, como hemos visto antes, ir más aliviado sale caro.

Un truco, señalan desde HelpMyCash.com, es escoger un préstamo con un plazo largo, que dé como resultado unas cuotas mensuales reducidas. Si retomamos el ejemplo anterior, un préstamo de 10.000 euros al 7,07 % a devolver en tres años devengaría unas cuotas de 309 euros y si se amortizase en seis años, de 171 euros. Si optamos por la segunda opción, iremos mucho más aliviados. Pero ¿cómo luchar contra el incremento del coste de la financiación? La repuesta está en la amortización anticipada.

Si escogemos un préstamo con un plazo largo, pero nos imponemos como norma amortizar cada mes una cuantía superior a la de nuestra cuota, poco a poco recortaremos el plazo. Asimismo, si algún mes nos surge un imprevisto, podremos devolver únicamente la mensualidad estipulada. Eso sí, para recurrir a este truco debemos asegurarnos de que el crédito no tiene comisión por amortización anticipada.

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