Corría el año 2005 cuando las primeras familias cruzaron el umbral de sus nuevas casas en Sarriguren. Llegaban a un "pueblo" que olía a hormigón fresco, donde el viento de la cuenca campaba a sus anchas entre edificios de diseño bioclimático y calles que prometían un futuro verde. Hoy, dos décadas después, aquel experimento urbanístico se ha convertido en el corazón palpitante del Valle de Egüés, pero el camino no ha sido tan idílico como pintaban los vientos iniciales.
Un inicio de "pioneros" y grúas
Los primeros vecinos de 2005 fueron auténticos colonos urbanos. Según recogen las crónicas históricas y los recuerdos de aquellos pioneros, la vida en aquellos años era una carrera de obstáculos: no había tiendas, la primera fue la farmacia de Aitziber, el centro de salud era un proyecto lejano y los colegios se levantaron al ritmo de una explosión demográfica sin precedentes. Sarriguren nació con el título de "Ecociudad" y sede de la Ciudad de la Innovación, atrayendo a gigantes como Siemens Gamesa o CENER, lo que perfiló una población joven y técnica, pero atrapada en una cuadrícula que tardó años en sentirse como un hogar.
El reto de las infraestructuras: Una carrera contra el reloj
El crecimiento de Sarriguren fue tan vertiginoso que las dotaciones públicas siempre parecieron ir un paso por detrás de las necesidades de sus habitantes. El Colegio Público de Sarriguren, símbolo de la explosión de natalidad del barrio, fue inaugurado oficialmente en mayo de 2010, aunque ya para entonces la demanda escolar era abrumadora. La presión demográfica obligó a ampliar las instalaciones de forma recurrente, como ocurrió en 2015 con el nuevo colegio escolar, un parche necesario para el primer centro que, según las crónicas de Sarrigurenweb.com, nació pequeño.
La sanidad vivió un proceso similar. El Centro de Salud de Sarriguren no abrió sus puertas hasta octubre de 2011, tras años de protestas vecinales y derivaciones al centro de Mendillorri. Su apertura fue un alivio, pero pronto se vio tensionado por la llegada de pacientes de Erripagaña. Por su parte, el Instituto de Educación Secundaria (IES Sarriguren) completó el ciclo educativo básico al abrir en septiembre de 2019, permitiendo que los jóvenes del barrio no tuvieran que desplazarse a Pamplona para cursar la ESO y el Bachillerato. La llegada de Salesianos en 2020 incorporó la oferta de FP en Sarriguren.
El tablero político: UPN y Geroa Bai frente al crecimiento
A nivel político, la gestión de Sarriguren ha sido el gran caballo de batalla del Valle de Egüés. UPN lideró los años de mayor expansión constructiva, defendiendo un modelo de crecimiento rápido que convirtió al valle en el tercer municipio de Navarra. Sin embargo, este desarrollo fue criticado por la falta de previsión en dotaciones públicas.
La alternancia llegó con Geroa Bai, que bajo la alcaldía de Alfonso Etxeberría trató de dar un giro más social y participativo a la gestión, enfrentándose al reto de "coser" un barrio que crecía más rápido que sus servicios. Quedando el pulso político principalmente entre la derecha regionalista y el nacionalismo moderado, con una presión vecinal constante que, a través de foros y redes sociales, exigía menos hormigón y más comunidad.
Desde 2019, UPN recuperó el poder municipal.
La gran sombra: un desierto comercial
Si algo une a los vecinos en la crítica, es el fracaso del comercio local. Pasear por Sarriguren es, en muchos tramos, pasear por una sucesión de persianas bajadas o locales en bruto que nunca llegaron a abrir.
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El diseño contra el tendero: Las calles excesivamente anchas y la dispersión de las manzanas de VPO han dificultado que el comercio de proximidad cuaje.
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Ciudad dormitorio: A pesar de sus 16.000 habitantes, Sarriguren sigue sufriendo la dependencia de las grandes superficies. Muchos vecinos lamentan que, tras 20 años, no se hay desarrollado un comercio de proximidad real y potente. El "alma" comercial se limita a unas pocas zonas de hostelería, dejando gran parte de la ecociudad con una sensación de vacío durante el día.
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Infraestructuras: La movilidad sigue siendo un punto crítico. La conexión con Pamplona a través de la PA-30 y la Avenida Jorge Oteiza sufre atascos recurrentes que difícilmente se solucionan.
El futuro: 5.000 viviendas y el reto de ser "Gran Ciudad"
El Gobierno de Navarra ha puesto sobre la mesa un nuevo plan de desarrollo: la construcción de más de 5.000 nuevas viviendas mediante la ampliación del PSIS. Esta operación situaría al Valle de Egüés en la liga de las grandes ciudades navarras, compitiendo en población con Tudela.
Pero el anuncio ha despertado tantos recelos como esperanzas. La pregunta que recorre las calles es clara: ¿Dónde se van a meter? Con un centro de salud que ya trabaja al límite y unas comunicaciones con Pamplona que sufren atascos diarios en la PA-30, la construcción de miles de casas nuevas amenaza con agravar los problemas de movilidad y saturación de servicios que Sarriguren lleva arrastrando dos décadas.
Tras dos décadas
Sarriguren cumple 20 años como un referente de sostenibilidad energética, pero con el desafío de encontrar su equilibrio social. El reto para los próximos años no es construir más, sino dotar de vida a lo ya construido, fomentando ese comercio local que se resiste y garantizando que el crecimiento demográfico no convierta la joya de la corona del urbanismo navarro en una inmensa y colapsada ciudad dormitorio.






