Blázquez se despide de cientos de fieles con una emotiva homilía en la Catedral de Valladolid tras doce años

El cardenal arzobispo inicia su «última» etapa y confía en que cuando Dios le llame sea enterrado en el templo catedralicio vallisoletano

VALLADOLID, 23 (EUROPA PRESS)

El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, se ha despedido de los fieles de la Diócesis vallisoletana con una homilía en la que ha reconocido que comienza una nueva etapa en su vida y mira «hacia atrás y adelante» pero «sabiendo que es la última y se prolongará lo que Dios quiera» al tiempo que ha expresado su deseo de que cuando eso ocurra sea enterrado en la Catedral vallisoletana.

El acto en la seo vallisoletana ha contado con la presencia del alcalde de la ciudad, Óscar Puente; la presidenta del Grupo Municipal Popular, Pilar del Olmo; el presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar; distintos concejales del Consistorio; obispos de las provincias castellanoleonesas, así como autoridades militares y civiles, y ha comenzado con una marcha de los sacerdotes de la diócesis que ha estado acompasada por la música del órgano Amezua, construido en 1904 por el organero vasco Aquilino Amezua.

Durante la eucaristía de despedida del ya prelado emérito de Valladolid, que cede el testigo, el próximo 30 de julio, al obispo auxiliar, Luis Argüello, ha recordado como Dios le llamó a la existencia, se incorporó por el bautismo a la Iglesia y le confió el ministerio presbiteral y episcopal a lo que añade que su memoria del pasado «está hondamente impregnada de gratitud» una gratitud «que tiene su fundamento en la gratuidad de Dios».

Son 34 los años que ha ocupado Ricardo Blázquez en el ministerio
episcopal «con sus trabajos y sufrimientos apostólicos, con sus gozos y gratificación» y por ello le da gracias a Dios porque la cumplido el servicio que se le confió a pesar de sus «debilidades» y porque le llamó «en su providencia» para poder ejercer este misterio episcopal en Valladolid durante doce años.

«Al mirar hacia atrás reconozco que soy deudor de tantas personas. Agradezco la vida y la actividad pastoral desarrollada por los presbíteros, diáconos, religiosos, consagrados y laicos» ha aseverado don Ricardo Blázquez, quien ha citado expresamente a su sucesor, Luis Argüello, y al diácono Patricio Fernández, sin «cuya múltiple colaboración leal y discreta no hubiera podido ejercer el ministerio episcopal en Valladolid, y en las tareas encomendadas» tanto por la Conferencia Episcopal como por el Papa.

A sus 80 años, el cardenal arzobispo emérito, que ha alcanzado «la edad de los robustos», como dice el salmo 89,90 y cuando la existencia temporal «se acerca irremediablemente al ocaso», reconoce que «ha vivido» y le da gracias a Dios porque ha cumplido, «ciertamente con muchas limitaciones», la misión que se le ha ido encomendando.

Asimismo, Blázquez ha puesto de manifiesto que ha comprendido «que todas las edades de la vida son preciosas», la infancia, la juventud, la madurez y la ancianidad y confiesa «con gratitud y honda convicción» estar «en buenas manos», en las manos de «Dios Creador, Salvador y Padre compasivo».

REPASO A SU TRAYECTORIA

Durante la homilía, el cardenal arzobispo emérito ha hecho un repaso a su trayectoria, cuando estudió Teología en Roma; cuando el entonces obispo de Ávila, Máximo Romero de Lema, le encomendó la Formación Permanente del Clero; cuando el «recordado y querido» José Delicado Baeza le invitó a colaborar con la Diócesis de Valladolid cuando él estudiaba en Salamanca; cuando fue nombrado obispo auxiliar de la Archidiócesis de Santiago de Compostela; cuando fue nombrado Obispo de Palencia, y después de Bilbao, donde ejerció 15 años y desde donde llegó a Valladolid en abril 2010.

Sobre su ministerio episcopal en Valladolid, don Ricardo Bláquez ha manifestado su deseo de haber cumplido la misión que se le encomendó «con cercanía, dedicación y laboriosidad».

Durante su homilía, el cardenal arzobispo emérito ha expresado la comprensión «con la mente y el corazón de la situación de las órdenes religiosas, apostólicas y contemplativas, tan numerosas durante muchos años y actualmente con comunidades al borde del agotamiento» y ha reconocido que los condicionamientos del cambio de época «afectan vivamente» ya que si las vocaciones al presbiterado conocieron hace años una «abundancia extraordinaria», actualmente la penuria es también «extraordinaria».

Pero está convencido de que esta situación «no es cuestión de relajación sino sobre todo de las condiciones de la sociedad, de la fe cristiana y de la Iglesia en nuestras latitudes» y ha recordado como Jesús no contestó a preguntas sobre el Reino de Dios relativas a «cuándo, cómo, cuántos…» sino que exhortó a ser fieles al Evangelio «por la fe y la conversión».

«Más allá de los silencios y de las palabras, hay preguntas y aspiraciones en el corazón del hombre que nunca se apagan y siempre pugnan por salir a la luz. Al hombre le viene bien creer en Dios; y no le viene bien prescindir de Él», ha relatado Blázquez, quien ha reconocido que le sorprendió y alegró «hondamente» la decisión del Ayuntamiento de Valladolid de nombrarle Hijo Predilecto de la ciudad.

DOCE AÑOS COMO ARZOBISPO

Por ello, ha significado que al recuerdo de doce años como
Arzobispo se une este nuevo motivo de su nombramiento como Hijo Predilecto que le vincula estrechamente a Valladolid como obispo y como ciudadano, por ello ha agradecido al regidor municipal, presente durante el acto religioso, por dicha distinción.

«Este pueblo, como sus vinos, es de solera. Tiene una tradición que no lastra sino otorga hondura y arraigo y puede regenerar la esperanza», ha apuntado el arzobispo emérito de Valladolid, que se lleva «recuerdos» de sus 12 años en la Diócesis vallisoletana «que se convierten en motivos permanentes de gratitud».

Ricardo Blázque ha concluido su homilía con un saludo «especial» a los ancianos y a los enfermos, y ha recordado que la arqueología cristiana en Roma ha descubierto lápidas sepulcrales marcadas con las letras D P, que abrevian la expresión «depositus in pace», lo que significa que el difunto ha sido cedido a la tierra como préstamo esperando la resurrección, y ha expresado su deseo «como signo de comunión episcopal con la Iglesia de Valladolid» ser enterrado en su catedral porque volver ahora a Ávila, no significa «en absoluto» alejarse de Valladolid.

PRIMER MÓVIL Y RELOJ

El obispo auxiliar, Luis Argüello, por su parte, ha agradecido a Blázquez, ante los fieles y las diferentes autoridades civiles presentes, los doce años que ha ejercido el cardenal arzobispo en Valladolid por «iniciar en la vida cristiana a miles de personas».

«A lo largo de estos años a través de Blázquez la diócesis vallisoletana se ha visto unida de manera especial a la Conferencia Episcopal Española y ha permitido que todos se sientan unidos al Papa Francisco», ha señalado, para después añadir que para mantener el contacto, pedirle consejo e invitarle a participar de los aconcemientos religiosos «le han regalado su primer teléfono móvil, así como un nuevo reloj, porque según el momento de la vida los segundos y los minutos tienen una anchura diferente».

Por último, ha pedido a los congregados un «emotivo» aplauso para despedir de forma definitiva a Ricardo Blázquez, que ha durado en torno a un minuto.

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