El MNCN propone un plan para preservar ecosistemas subterráneos de los que solo el 6,9% del total está protegido

MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han desarrollado una hoja de ruta para preservar los ecosistemas subterráneos, uno de los hábitat más extendidos del mundo y que están expuestos a agresiones derivadas de las actividades humanas, como la sobre explotación de recursos o el turismo, pero en la actualidad, apenas el 6,9 por ciento están acogidos a algún tipo de zona protegida a nivel mundial.

La protección de los ecosistemas subterráneos es uno de los retos urgentes en las agendas globales de conservación a consecuencia de la sobrexplotación de recursos que provocan contaminación, o bien por el cambio climático, que son una «amenaza directa» para su rica biodiversdidad.

Un equipo internacional de investigadores ha revisado los conocimientos existentes en materia de conservación de la biología subterránea y ahora propone una hoja de ruta para mejorar las acciones de conservación para que sean actuaciones más prácticas, efectivas y duraderas.

En el trabajo, que ha sido publicado en la revista Biological Reviews, participa la investigadora del MNCN-CSIC Susana Pallarés, que asegura que los ecosistemas subterráneos se encuentran entre los hábitats más extendidos de la Tierra y prestan servicios esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad y el bienestar humano.

«Sabemos muy poco de ellos, lo que dificulta la planificación y el diseño de estrategias de conservación efectivas», admite la investigadora que cree que es «fundamental» documentar bien las medidas de conservación aplicadas en el medio subterráneo para evaluarlas y saber cuáles son más adecuadas para una determinada especie, comunidad o ecosistema.

Pallarés destaca que con esta revisión se sientan las bases para poder usar los escasos recursos destinados a la conservación de la biodiversidad de la manera más eficiente en los próximos años.

Para realizar esta primera evaluación global, los investigadores analizaron un total de 708 artículos publicados entre los años 1964 a 2021 sobre intervenciones de conservación para especies o hábitats subterráneos terrestres y acuáticos (de agua dulce y salada). Esto les ha permitido detectar las carencias y necesidades que tiene la investigación en este campo.

Entre los principales resultados, concluyen que no se ha evaluado de forma cuantitativa la efectividad de las medidas de conservación en el medio subterráneo.

Así, señala que las «escasas» evaluaciones realizadas se han centrado en los paisajes atractivos, como las cuevas terrestres, y con un sesgo claro hacia murciélagos y algunos artrópodos.

En cambio, los sistemas de más difícil acceso, como fisuras, los sistemas anquialinos (cavidades terrestres con conexión al mar a través de canales subterráneos) y las cuevas marinas siguen estando inexploradas y desprotegidas, al igual que las plantas y los microorganismos (bacterias, arqueas, hongos unicelulares y virus) que también los habitan y desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas subterráneos.

En la evaluación, los investigadores detectaron que las amenazas más estudiadas son la contaminación, la perturbación por al turismo y el cambio de hábitat. Sin embargo, han detectaron que falta información sobre los efectos del cambio climático, las especies exóticas, los patógenos y la sobreexplotación.

Igualmente, el trabajo evidencia una cobertura geográfica desigual del conocimiento actual sobre las intervenciones de conservación entre las zonas del norte (paleártica y neártica), más estudiadas, y las zonas del sur (afrotropical e indomalaya), menos analizadas.

De hecho, señala que solo el 6,9 por ciento de los ecosistemas subterráneos conocidos se localizan bajo algún tipo de zona protegida a nivel mundial. Pallarés indica que la mayoría de estos sitios están protegidos porque se encuentran dentro de un área protegida establecida para especies o ecosistemas que viven en la superficie.

En este sentido, los autores también consideran relevante evaluar hasta qué punto las áreas protegidas en la superficie contribuyen a la conservación de los ecosistemas que se encuentran debajo.

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