El Museo Guggenheim Bilbao acoge hasta el 6 de septiembre la exposición ‘Serra/Seurat. Dibujos’

BILBAO, 8 (EUROPA PRESS)

El Museo Guggenheim Bilbao abrirá este jueves y hasta el próximo 6 de septiembre ‘Serra/Seurat. Dibujos’, la exposición que reúne una selección de 22 dibujos del maestro de finales del siglo XIX Georges Seurat, que a su vez dialogan con los dibujos de Richard Serra, gran admirador del anterior y, «sin duda, uno de los artistas más relevantes de nuestros días».

Según han informado desde el centro de arte moderno bilbaíno, a pesar del tiempo que les separa, ambos artistas «coinciden y destacan por haber trabajado el dibujo como un fin en sí mismo y haberlo llevado a nuevos niveles, dotándolo de unas características innovadoras y extrapolándolo a otros ámbitos de su obra».

Los dibujos de Georges Seurat fueron muy valorados por artistas de su época como Maximilien Luce, Vincent Van Gogh, o Paul Signac, quien en 1899 los describe como «los dibujos de pintor más bellos que existen», y siguieron siéndolo por parte de artistas posteriores como Henri Matisse, Pablo Picasso, Henry Moore, Bridget Riley o el propio Richard Serra.

Seurat fue capaz, con medios muy simples, de hacer surgir formas de la oscuridad del conté sobre el papel blanco. Esto es a lo que se refería Serra al decir «El peso del dibujo se deriva no solo del número de capas de pintura, sino principalmente de la forma particular del dibujo. Es obvio -desde el Cristo de Mantegna hasta las manzanas de Cézanne- que las formas pueden implicar peso, masa y volumen».

En los dibujos de Seurat tiene especial importancia el soporte que utiliza, el papel. En la mayoría de las ocasiones elige un papel francés hecho a mano, el Michallet, que se caracteriza por sus irregularidades, su textura pesada y sus ondulaciones o crestas, casi imperceptibles a la vista, pero no para la barra de conté que desliza sobre su superficie.

«Más allá de su destreza técnica en la ejecución, podría decirse que Seurat siente el papel y lo dota de vida, dejando que absorba la cantidad de crayón justa para crear las luces, volúmenes y contrastes que hacen que pueda considerarse uno de los maestros del dibujo», han apuntado desde el Museo.

Este conocimiento del material que distingue a los grandes artistas lo descubre Richard Serra ya en su etapa de estudiante junto a Josef Albers, expresándolo con estas palabras: «Una vez que se entendía la lección básica de que el procedimiento estaba dictado por el material, uno también se daba cuenta de que el material imponía su propia forma a la forma».

Así, Richard Serra ve pronto que la escultura no se somete solo a la talla, el modelado o la fundición, sino que los materiales tienen gran influencia en la experiencia espacial que generan. También dota al dibujo de una trascendencia y, más allá de servirle como medio para otros fines, lo convierte en un lenguaje autónomo y va sometiéndolo a nuevas técnicas, formatos y materiales.

En sus dibujos Ramble, serie que inicia en 2015, Serra, al igual que Seurat, se recrea en los materiales, como el papel japonés hecho a mano cuyo proceso de fabricación hace que las fibras generen diferentes «accidentes» y cada hoja sea distinta a los demás. Así, ningún Ramble es igual a otro, tanto por la manera en que el artista incide sobre el papel como por el modo en el que éste reacciona.

En los dibujos Ramble, Serra aplica el crayón litográfico con dos métodos diferentes, uno de transferencia y otro de marcado directo sobre la hoja. En el primero, el grado de presión determina el mayor o menor grado de la transferencia y, por lo tanto, lo que en unas obras parece una ligera bruma, en otras se convierte en una masa oscura y borrosa.

Por su parte, la aplicación directa permite que la cantidad de material graso empleado sobre el papel sea más controlable y genere un resultado muy diferente y «fascinante en todos sus matices».

Serra crea estas obras en una escala ponderada, si bien no se resiste a dotarlas de cierta monumentalidad al disponer de los dibujos Ramble más pequeños en una retícula definida por tres bandas de once. Con esta configuración, el artista comparte con el espectador el proceso seguido para realizarlas, llevándole a percibir los efectos que cada impresión genera sobre los papeles únicos.

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