El Papa a la Iglesia en la misa de reconciliación en Quebec: «No hay nada peor que huir para no afrontar los reveses»

El Papa ha reclamado a la Iglesia católica que no huya y que afronte «los reveses de la vida», en una misa en Quebec en la que ha vuelto a hacer alusión al daño infringido a las comunidades de indígenas del país por las políticas de asimilación en las que también participaron los católicos.

«Ante el escándalo del mal y ante el Cuerpo de Cristo herido en la carne de nuestros hermanos indígenas, nos hemos sumergido en la amargura y sentimos el peso de la caída», ha dicho el Papa en una eucaristía de reconciliación con las comunidades indígenas en el Santuario Nacional de Sainte-Anne-de-Beaupré, en la que también ha participado el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Francisco ha arrancado su cuarto día en Canadá con una visita al Arzobispado de Quebec y después ha celebrado la misa en el Santuario Nacional de Santa Ana de Beaupré, el más importante de todo el país. Antes de llegar al santuario, el Papa ha recorrido las calles adyacentes con el papa móvil en esta ciudad, donde casi el 90 por ciento de los 8 millones de habitantes se considera católico.

El Papa ha partido del evangelio del viaje de los discípulos a Emaús después de la muerte de Jesús, un itinerario que ha titulado «del fracaso a la esperanza».

El pontífice ha pedido perdón a los indígenas porque la Iglesia gestionó casi la mitad de las 139 escuelas residenciales donde sufrieron todo tipo de abusos. Aún así, antes de la misa, un grupo de indígenas han desplegado una pancarta en la que pedían al papa en francés «que rescindiera la Doctrina», en referencia a la llamada ‘Doctrina del Descubrimiento’, una serie de bulas papales en el Siglo XIV por las que se bendecía la colonización y la apropiación de las tierras.

Al respecto, el Papa ha señalado que sería fácil querer, como los discípulos, abandonar. «Debemos estar atentos a la tentación de la huida», ha advertido. Sin embargo, el Papa ha subrayado que «no hay nada peor, ante los reveses de la vida, que huir para no afrontarlos». A su juicio, este hecho «es una tentación del enemigo, que amenaza nuestro camino espiritual y el camino de la Iglesia; nos quiere hacer creer que la derrota es definitiva, quiere paralizarnos con la amargura y la tristeza, convencernos de que no hay nada que hacer y que por tanto no merece la pena encontrar un camino para volver a empezar».

Por el contrario, y a pesar de todo, Francisco ha recordado que «el Evangelio nos revela que, precisamente en las situaciones de desengaño y de dolor, justamente cuando experimentamos atónitos la violencia del mal y la vergüenza de la culpa, cuando el río de nuestra vida se seca a causa del pecado y del fracaso, cuando desnudos de todo nos parece que ya no nos queda nada, precisamente allí es cuando el Señor sale a nuestro encuentro y camina con nosotros».

De esta manera, ha recordado que en el camino de Emaús, Jesús «se acerca con discreción para compartir con esos discípulos entristecidos sus pasos resignados», no para ofrecerles «palabras genéricas de aliento o de circunstancia, ni tampoco consolaciones fáciles, sino que, desvelando en las Sagradas Escrituras el misterio de su muerte y su resurrección, ilumina la historia y los acontecimientos que han vivido». Así, «abre los ojos de ellos para ver las cosas con una mirada nueva».

Finalmente, «ante los discípulos de Emaús, Jesús parte el pan, abriéndoles los ojos y mostrándose una vez más como Dios de amor que ofrece la vida por sus amigos». De este modo, «los ayuda a retomar el camino con alegría, a recomenzar, a pasar del fracaso a la esperanza. Hermanos y hermanas, el Señor quiere también hacer lo mismo con cada uno de nosotros y con su Iglesia».

«Sólo hay un camino, una sola vía, es la vía de Jesús», ha recordado el Papa. «Creamos que Jesús se une a nuestro camino y dejémosle que nos alcance, dejemos que sea su Palabra la que interprete la historia que vivimos como individuos y como comunidad, y la que nos indique el camino para sanar y para reconciliarnos», ha enfatizado el Papa, porque, como ha aseverado, solo «reconciliados con Dios, con los otros y con nosotros mismos, podremos también ser instrumentos de reconciliación y de paz en la sociedad en la que vivimos».

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