El papel del adulto para educar en la paz según la pedagogía Montessori

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En el libro Educación y Paz, María Montessori logra definir con mucha claridad el concepto de paz, entendiéndola no como la ausencia de guerra (ni conflictos) sino como un espacio de bienestar necesario para poder vivir

Hoy por hoy se hace la pregunta sobre cómo se pueden promover espacios educativos más respetuosos, dialogantes y democráticos vinculados a la infancia y a la adolescencia. «Por lo general –explica Betzabé Lillo Orellana, formadora y una de las fundadoras del Instituto Montessori Canela Internacional, cuando se habla de la paz en las escuelas, se puede considerar como una fecha específica dentro del calendario escolar para crear actividades con una finalidad pedagógica alrededor de este día. En casi todos los proyectos educativos se menciona la paz como un valor o una actitud a promover, crear ‘entornos pacíficos’ suele llamarse, más en Montessori el punto de partida somos los adultos y no se plantea como un abordaje didáctico, sino como un camino de autoconocimiento», reflexiona.

En el libro Educación y Paz, María Montessori logra definir con mucha claridad el concepto de paz, entendiéndola no como la ausencia de guerra (ni conflictos) sino como un espacio de bienestar necesario para poder vivir. «En muchas ocasiones habitamos más desde la carencia emocional, mental, espiritual o material, sobretodo porque estamos inmersos en realidades que nos oprimen y nos anclan a nuevas posibilidades de reinventarnos y buscar nuestra misión en la vida. Nos sentimos incomprendidos en medio de un contexto en que todo ha de ser inmediato, todo va a la velocidad de la luz, rapidísimo y actuamos en modo automático. Muchas veces yo soy incomprendida por mí misma, puesto que mi naturaleza tiende a buscar la armonía y el equilibrio para vivir en paz, y aún así por los motivos que tenga, sigo en medio de un sistema que acaba oprimiéndonos», explica. «Ahora –continúa- la lucha entre el adulto y el niño se realiza en las familias y en los colegios, en aquella forma que se llama con antigua palabra: educación. Estas son las palabras de María Montessori para explicar la posición de el niño no comprendido/no acogido por el adulto. Antes de mirar al niño que no es comprendido por el adulto, en nuestra formación universitaria de Guías Montessori, llevamos la mirada hacia nuestra propia infancia y adolescencia, es una invitación a descubrir en nosotras mismas las posibilidades de promover en nuestras vidas un lugar de bienestar, este trabajo de Desarrollo Humano es clave para lograr un acompañamiento educativo más consciente de niños y jóvenes», explica.

Se puede considerar la paz desde cuatro perspectivas, tal como lo planteamos junto a Romy Albasi, colaboradora de Montessori Canela:

Educación desde la paz: «Estar en paz es el primer gran trabajo personal que podría hacer el adulto dado que la paz empieza dentro cada uno de nosotros para después crear la paz global. Puede ser también definida como consciencia de sí mismo. El adulto conoce y experimenta cotidianamente el descanso, la presencia mental, cultiva su bienestar y su propia unicidad, reconoce sus defectos, sabe empezar cada día, recuerda su propia infancia de forma que pueda entender sus propias dificultades cotidianas, es ejemplo de paz, se presenta al encuentro educativo respetando su responsabilidad de ser feliz y buscar la plenitud. Se pregunta constantemente: ¿soy respetuoso conmigo mismo? ¿reconozco mis límites? ¿cómo cultivo esta mirada amorosa y sincera conmigo mismo? ¿cómo me relaciono con los demás? ¿cómo comunico? ¿cómo puedo mejorar cada día?», se pregunta.

Educación por la paz: «El relacionarse en paz (consciencia de las relaciones) se vuelve fundamental dado que el acto educativo es educativo solo si es un acto de paz, y cuando se vive la educación como un acto de amor y respeto al niño el resultado se puede ver. El adulto se convierte en un servidor de la naturaleza, comprensivo, compasivo, generoso, sonriente, empático, siente mucha confianza y respeto por la vida. Entre los adultos que comparten el proyecto educativo, el adulto trabaja de forma sinérgica, compartiendo esfuerzos y placeres, respetando los roles para llegar a una coherencia educativa. Es un adulto que observa y escucha (también en los momentos de aburrimiento, de despiste, e incluso cuando se encuentra con su propia incapacidad de exprimir lo que siente/lo que desea hacer con el niño y es consciente de su responsabilidad, sabe retirarse a tiempo. Respeta los ciclos de desarrollo de las distintas edades y los periodos sensitivos, pero en particular se pregunta: ¿Qué tal está el niño? ¿De qué necesita aquel niño? ¿Cómo lo puedo ayudar?», comenta Lillo Orellana.

La educación y la paz: «Estar en la paz o consciencia del ambiente es seguramente unos de los grandes temas sobre los que María Montessori ampliamente habló definiendo este amor por el contexto como el secreto de muchos progresos del ser humano y su evolución humana. El adulto entonces proyecta, organiza, cuida y quiere el ambiente, crea espacios armónicos, estéticamente bellos, siempre atento a las necesidades del niño. Se inspira en la naturaleza para crear espacios de paz donde objetos y materiales, dispuestos con cuidado, ordenados, siempre en el mismo lugar, hablen por sí mismos (la voz de las cosas). Es un adulto que recuerda que el contexto educativo no es solo el aula (aula-jaula)…también lo es el jardín, la huerta, la escala, las calles, los mercados, los bosques, las playas, la naturaleza salvaje. En el ambiente pueden ser puestas imágenes, frases de paz, se pueden escuchar y cantar canciones y videos de paz en algunos momentos especiales (en el baño, en el almuerzo, en algún momento del día…). Se crean rincones de paz, descanso y escucha, un pequeño altar con objetos preciosos, poco comunes y un cuadro de bienvenida con los nombres y las fotos de cada niño», explica la experta.

La educación hacia la paz: Construir, hacer la paz o consciencia de la cultura viene a ser uno de los fundamentales de la vida cotidiana del adulto que desea entrar en contacto con el niño dado que la paz es dada por un orden interior individual y por un orden social colectivo. «Como acción educativa hacia la paz, la Educación Montessori se inspira sin duda en la gran persona que ha sido María Montessori, pero esta inspiración tiene que ser sincera (no utópica, dogmática ni ideal). De esta manera a través del conocimiento de sus investigaciones (libros, estudios, discursos), reconocemos las infinitas capacidades y dotes de la doctora, una persona que en primera línea decía que lo principal es observar y tener confianza en el niño. Era una persona seria (rigurosa, responsable), profundamente estudiosa, que conocía numerosas cosas y personas, viajaba, vivía en muchos lugares del mundo, se daba el tiempo de observar, experimentar, intentar, confundirse, equivocarse, modificar, siempre consciente y al paso con los tiempos en los cuales ella vivió. Las finalidades educativas propuestas por Maria Montessori en sus escritos, son actuales, aunque sean metas formativas de las cuales muchas veces el adulto se olvida: valorizar la identidad personal; promover la autonomía; promover el derecho de ciudadanía y favorecer la cooperación. Porque todos tenemos derecho de vivir en paz. Concretamente el adulto propone una disciplina activa donde no existe el castigo, más sí propuestas de tres normas esenciales (respetar los demás y sus trabajos; respetar el material; reordenar el material) que se enseñan a través del ejemplo y que si el niño no cumple les vienen recordadas con respeto y discreción. Cumpliendo los acuerdos, las reglas se adquieren y se crea una autodisciplina interior espontánea. Actividades cotidianas que incluyen el trabajo personal y la interacción social son la base para cultivar un espíritu pacífico, son actos de pacificación o instrumentos sociales que colaboran en el camino de autoconocimiento que tiene un ser humano para lograr ser libre y autónomo. Tal y como dice María Montessori una persona disciplinada es quien se conoce a sí misma y es capaz de ser dueña de su cuerpo y de su mente, activando la motivación, la imaginación y la voluntad», concluye.

Fuente Comunicae