La AN condena a ocho años de cárcel a una célula islamista por adoctrinar a un joven que murió tras viajar a Siria

Considera probada la pertenencia de los tres hermanos al grupo islamista Hizb Ut Tahrir al Islami

MADRID, 13 (EUROPA PRESS)

La Audiencia Nacional ha condenado a ocho años de cárcel a los tres integrantes de una célula perteneciente al grupo islamista radical Hizb Ut Tahrir al Islami radicada en Badalona que se dedicaba a realizar labores de captación, adoctrinamiento, radicalización y envío de voluntarios yihadistas para participar en acciones violentas de Estado Islámico en territorios sirios.

En una sentencia del pasado viernes, recogida por Europa Press, los magistrados de la Sección Primera de la Sala de lo Penal consideran probada la pertenencia de los tres hermanos al grupo que contribuyó a que un joven marroquí residente en la misma localidad tomase la determinación de viajar hasta Siria y se alistase como combatiente. El mismo, Mohamed Kaouch, murió en la guerra víctima de un bombardeo.

En este contexto, la Sala considera que los tres condenados por un delito de integración en organización criminal utilizaban la violencia si era necesario mediante acciones de carácter y naturaleza terrorista en lugares de conflicto, en este caso, en Siria, con la finalidad de implantar con carácter universal el califato islámico bajo la única ley del islam, la sharía.

Con este fin los hermanos realizaban su labor de captación y adoctrinamiento a través de reuniones en domicilios o lugares públicos de Badalona y contaban para su tarea con diversos materiales de contenido yihadista radical, así como el acceso a diversos sitios de Internet donde participaban en foros en los que se promovía y justificaba la yihad islámica y la necesidad y obligación de imponer el califato universal.

LA HISTORIA DE KAOUCH

El fallo pone el foco en el origen de las pesquisas que dieron lugar a la causa que se siguió en la Audiencia Nacional, y que tiene lugar en la historia de Kaouch, el joven que decidió emprender su camino a la guerra. Para conocer su origen hay que retroceder unos años antes, hasta 2008. Fue en ese año cuando tuvo su «primer acercamiento al ideario yihadista» durante su ingreso en la cárcel Modelo de Barcelona, donde fue guiado por un preso marroquí conocido como Mohamed Rifi.

El primer paso de Kaouch hacia la guerra fue el viaje que realizó en 2012 con otro joven que también acudía a las reuniones de adoctrinamiento de los tres hermanos. Así, y utilizando un coche propiedad de su compañero, viajó desde Badalona a Marruecos ocultando varios libros y dispositivos de almacenamiento que previamente habían utilizado para su formación ideológica yihadista.

El círculo se cerró dos años más tarde, en 2014, cuando Kaouch obtuvo un visado para viajar desde Marruecos a Turquía. Una vez allí, el joven se dirigió a Siria para incorporarse a las filas de DAESH.

Desde el país Kaouch siguió manteniendo contacto telefónico con su entorno en España, como así se constató en la ‘operación Vértice’ que dio lugar a dos procedimientos, uno de ellos seguido en la propia Audiencia Nacional. En este último fue procesado por delito de integración en organización terrorista, precisamente, como consecuencia de su traslado a Siria.

El final de su historia llegó en 2016, cuando unas hermanas de la persona con la que Kaouch vivió en Marruecos el año anterior de su partida hacia la guerra informaron a la familia del joven de su muerte en un bombardeo en Siria.

LA DECLARACIÓN DEL TESTIGO PROTEGIDO

En la sentencia Sala basa sus pruebas de cargo en la declaración de un testigo protegido, en las vigilancias policiales, la documentación y los soportes informáticos incautados a los tres acusados, así como en la agenda manuscrita del fallecido en Siria que indicaba su radicalización, la misma que le llevó a viajar a la guerra.

Ese testigo, según explicó el agente que le tomó declaración en primera instancia, llegó a la comisaría después de haber ido a una mezquita a denunciar la existencia de estas reuniones y que los religiosos le conminasen a que acudieron a las autoridades policiales. Se trataba de una persona, según relató el jefe de grupo en el juicio, «con bastante miedo» y que «no sabía lo que tenía que hacer».

Los tres hermanos, por su parte, negaron durante su comparecencia en la vista oral celebrada el pasado mes de abril en la Audiencia Nacional que se dedicaran a realizar labores de captación, adoctrinamiento y radicalización. «Nunca hablo del terrorismo porque me da miedo», llegó a asegurar uno de ellos.

En la primera sesión del juicio los acusados descartaron que las reuniones que se celebraron en su domicilio particular fuesen en realidad encuentros destinados a un único fin: el envío de voluntarios para participar en acciones violentas de DAESH en la guerra de Siria.

«No todos los musulmanes somos radicales. No todos hablamos de lo mismo, también se habla de las mujeres, del futbol: de cualquier cosa», sostuvo uno de ellos que, a pesar de reconocerse como simpatizante del grupo radical, señaló que a esas reuniones no acudían otros simpatizantes, sino «amigos y familiares».

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