La proximidad de algunos países con Rusia hace improbable que la Cumbre Iberoamericana se pronuncie sobre Ucrania

El conflicto genera división entre los países de la región, que han rechazado enviar armamento a Kiev

MADRID, 20 (EUROPA PRESS)

La guerra en Ucrania le pilla a América Latina muy lejos, con un océano de por medio, pero sus consecuencias también se dejan sentir en estos países, cuyos líderes se muestran divididos respecto a la contienda y han intentado en gran medida mantener la tradicional neutralidad de la región, aunque condenando la agresión rusa.

La contienda, que se ha convertido en tema de debate en todas las citas internacionales del último año, no figura en la agenda de la Cumbre Iberoamericana del 24 y 25 de marzo en República Dominicana, pero el titular de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), Andrés Allamand, no duda de que el tema será mencionado por algunos de los mandatarios durante sus intervenciones.

Más allá de eso, no cree que de la cita en Santo Domingo pueda salir algún tipo de mensaje conjunto o propuesta, toda vez que en la Comunidad Iberoamericana rige la regla del consenso, por lo que cualquier texto o declaración necesitaría el respaldo de los 22 países que la componen –19 de América Latina junto a España, Portugal y Andorra–.

La ausencia del presidente de Brasil, Luiz Inazio Lula da Silva, el último en la región en formular una propuesta de negociación para resolver el conflicto, así como del mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, otro de los que más ha apostado por una solución dialogada invita a pensar que ningún líder formulará un posicionamiento concreto a adoptar por los 22 países.

Salvo los considerados como ‘sospechosos habituales’, es decir, Cuba, Venezuela y Nicaragua, cuyo respaldo a Rusia y a su presidente, Vladimir Putin, ha sido abierto, otros mandatarios han apostado por mantenerse lo más al margen posible, en línea con la tradicional política de no injerencia regional.

Con todo, menos Venezuela y Nicaragua, el resto de países de la región se han alineado con Occidente en la condena a Rusia por su agresión, pero no han querido ir más allá, subraya el director del ‘think tank’ Council on Foreign Relations en Argentina, Juan Battaleme. En el caso de este país así como Brasil «han mantenido una calculada ambigüedad no por razones estratégicas sino para evitar choques con algunos sectores más ideologizados de las coaliciones gobernantes o por otros motivos internos», añade.

VOTACIONES EN LA ONU

La Asamblea General de la ONU se ha convertido en el mejor termómetro del sentir de los países iberoamericanos respecto al conflicto. En ella se han votado hasta la fecha cuatro resoluciones condenando la invasión rusa y pidiendo el restablecimiento de la paz.

La primera votación se produjo justo un mes después del inicio de la contienda, el 24 de marzo de 2022. El texto, presentado por Francia y México a los que se terminaron uniendo 90 países, apelaba al cese inmediato de las hostilidades y fue refrendado por 140 votos a favor, cinco en contra y 38 abstenciones, entre ellos Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua.

La última tuvo lugar el pasado 23 de febrero, la víspera del primer aniversario, y en ella se reclamaba la retirada de las tropas rusas y se recalcaba la «necesidad de alcanzar cuanto antes una paz general, justa y duradera». El texto salió adelante con 141 votos a favor, siete en contra –entre ellos Nicaragua– y 32 abstenciones. Entre los países que se abstuvieron figuran Bolivia, Cuba y El Salvador, mientras que Venezuela no participó en ambas votaciones ya que está suspendido por su retraso en el pago de sus cuotas a la ONU.

RECHAZO A ENVIAR ARMAS A UCRANIA

Así las cosas, Estados Unidos ofreció a varios países iberoamericanos que cuentan con armamento de fabricación rusa facilitarles otro más moderno en sustitución si accedían a hacérselo llegar a Ucrania, según desveló el pasado enero la comandante del Mando Sur estadounidense, la general Laura Richardson.

Sin embargo, la respuesta que llegó desde países como Colombia, Chile, Argentina o Brasil, todos ellos en posesión de armamento que podría ser de utilidad a Ucrania en este momento del conflicto, fue negativa.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, confirmó la oferta estadounidense y aclaró que el material bélico en cuestión tenía problemas de mantenimiento. Con todo, recalcó que «quedará como chatarra en Colombia». «No estamos con ninguno, estamos con la paz, por eso ningún arma (colombiana) será usada en ese conflicto», zanjó.

En la misma línea se pronunció Lula. «Brasil no tiene interés en enviar municiones para que sean utilizadas en la guerra», dijo en rueda de prensa conjunta con el canciller alemán, Olaf Scholz, en referencia al hecho de que su país cuenta con los proyectiles necesarios para los carros de combate Leopard que Alemania y otros países europeos van a hacer llegar a Ucrania.

«Brasil es un país de paz y por tanto no quiere tener ninguna participación, ni siquiera indirecta. Deberíamos buscar quién puede ayudar a encontrar la paz entre Rusia y Ucrania», defendió, ofreciéndose voluntario para negociar tanto con Volodimir Zelenski como con Vladimir Putin.

Tampoco Chile, que dispone igualmente de la munición que necesitan los Leopard, está por la labor de suministrarla a Kiev, aunque en su caso ha ofrecido apoyo para el desminado una vez termine el conflicto. «Vamos a defender siempre el multilateralismo, la resolución pacífica de los conflictos y la vigencia de los Derechos Humanos», dijo su presidente, Gabriel Boric, junto a Scholz durante su visita al país.

La respuesta que se llevó el canciller alemán de Buenos Aires fue parecida. Su presidente, Alberto Fernández, recalcó que Argentina no tiene intención de enviar armas a Ucrania ni a ningún otro país en conflicto.

También se ha mostrado particularmente crítico con el suministro de armamento a Ucrania el presidente mexicano. Tras conocerse la decisión de que finalmente Alemania enviaría los Leopard solicitados por Kiev, López Obrador denunció que era resultado de la presión de la prensa germana. Además, el país azteca se ha ofrecido igualmente a mediar entre las partes.

INFLUENCIA DE RUSIA EN LA REGIÓN

En realidad, el peso de Rusia en la economía de América Latina ha sido hasta ahora reducido. En 2020 representó unos 11.900 millones de dólares, el 0,64% del comercio total de la región. Sin embargo, las previsiones de crecimiento, que ya se habían visto gravemente afectadas debido a la pandemia, también han sido revisadas a la baja por organismos como el FMI, a raíz del inicio de la contienda.

Las sanciones que tanto Estados Unidos como la UE han impuesto al sector energético ruso han acelerado el interés de Rusia por América Latina. Así, el pasado verano, con Jair Bolsonaro aún como presidente, Brasil incrementó sus importaciones de diésel ruso en un 15% para poder abaratar precios y recuperar apoyo, mientras que Cuba y Venezuela han seguido importando productos derivados del petróleo, según subrayan expertos del ‘think-tank’ CSIS.

Pero más que la cuestión energética, si algo ha afectado a América Latina han sido los problemas de suministro de fertilizantes, de los que Rusia y Ucrania son dos de los principales productores. Brasil importó en 2021 el 25% de sus fertilizantes de Rusia, mientras que Argentina importó más de 500.000 toneladas y México y Perú también dependen de este suministro, según el ‘think-tank’ AS-COA.

La falta de suministro de fertilizantes y su elevado precio pueden tener a la larga un impacto en la producción de alimentos en América Latina en un momento en que la región se enfrenta a una grave inseguridad alimentaria.

Así las cosas, solo un país de la región, Costa Rica, se ha sumado a las sanciones que Estados Unidos, la UE y otros países han impuesto a Rusia por la invasión de Ucrania. El país centroamericano ha dado instrucciones a sus empresas para que cumplan con las directivas de Estados Unidos.

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