Un paseo por Puente de Vallecas de la mano de Madridiario. Los espacios verdes y zonas recreativas son importantes en una ciudad, que no solo debería estar adaptada para el tránsito para moverse del trabajo a casa y de la casa al trabajo. Una ciudad también debe tener zonas de descanso y recreo. El distrito madrileño de Puente de Vallecas cuenta con una red amplia de espacios públicos concebidos para el ocio, la convivencia y la vida comunitaria
Parques, zonas verdes, plazas y equipamientos al aire libre forman parte del paisaje cotidiano de sus barrios, donde el espacio público ha sido históricamente un elemento central de la identidad vecinal y, por qué no, de arte.
En este contexto, el concejal-presidente del distrito, Ángel Niño, defiende que la mejora del espacio público está respaldada por un incremento sostenido de la inversión municipal. "Desde el Ayuntamiento de Madrid estamos plenamente volcados con la mejora del distrito de Puente de Vallecas y para poder mejorarlo hace falta inversión. En ese sentido y desde que Almeida es alcalde de Madrid, el presupuesto del distrito ha subido año tras año hasta superar para este 2026 los 85 millones de euros", afirma.
Según explica, el aumento presupuestario es uno de los principales argumentos frente a las críticas de abandono por parte de la oposición. "En 2018, cuando gobernaban, el presupuesto de Puente de Vallecas era de algo más de 50 millones de euros, por lo que el aumento es muy significativo", añade.
El arte urbano forma parte del paisaje cotidiano en el Museo al Aire Libre de Palomeras Bajas, donde las fachadas se han convertido en soporte de memoria colectiva, identidad vecinal y expresión contemporánea. No es un espacio delimitado ni un recorrido cerrado: es el propio barrio el que actúa como galería abierta, integrando murales de gran formato entre bloques residenciales, plazas y espacios de paso. En este entorno donde la transformación urbana se percibe a escala de calle, la intervención en los espacios públicos cercanos adquiere una dimensión que va más allá de la mejora física: redefine la forma en que se usa y se vive el territorio.
El Museo al Aire Libre de Palomeras Bajas se ha consolidado con el paso de los años como uno de los espacios más singulares de arte urbano integrado en el tejido vecinal de Puente de Vallecas. Sus esculturas y murales forman parte del paisaje cotidiano del barrio, conviven con la vida diaria y constituyen un patrimonio cultural que no solo se contempla, sino que se atraviesa y rodea de forma diaria. Sin embargo, esa misma cercanía que le da sentido también ha puesto en evidencia un problema que vecinos y colectivos llevan tiempo denunciando: la falta de un mantenimiento regular y sistemático.
El deterioro de algunas piezas se ha hecho visible en los últimos años, generando preocupación entre quienes consideran el museo un símbolo de identidad del barrio. Por ejemplo, uno de los ejemplos más comentados fue el de una de las esculturas a la que le faltaba la cabeza, una ausencia que se prolongó durante años (desde 2006 hasta 2014) y que convirtió la pieza en una imagen elocuente del abandono percibido por parte de los residentes. La reposición del elemento dañado se demoró tanto que, durante ese tiempo, la escultura permaneció incompleta a la vista de quienes transitan diariamente por la zona.
Desde el movimiento vecinal se insiste en que no se trata de incidentes puntuales, sino de una cuestión estructural relacionada con la conservación del conjunto artístico. "No pedimos grandes intervenciones, pedimos un mantenimiento constante, el mismo que se haría en cualquier otro espacio cultural de la ciudad", señalan desde una asociación del barrio, que lleva años reclamando revisiones periódicas, reparaciones ágiles y un plan estable de conservación. En su opinión, el museo no solo necesita protección frente al paso del tiempo, sino también un reconocimiento institucional acorde con su valor cultural y social.
"Las cosas que no se cuidan se deterioran".
Para Almudena Jiménez, portavoz de la Asociación Vecinal de Palomeras Bajas, este espacio de encuentro y arte sigue siendo uno de sus favoritos del barrio, a pesar de su falta de mantenimiento. "Las cosas que no se cuidan se deterioran y luego cuesta mucho recuperarlo porque tienes que hacer una inversión importante cuando con mantenerlo sería suficiente", explica.
El Cerro del Tío Pío, el lugar perfecto para ver atardecer Pero el Museo al Aire Libre de Palomeras Bajas no es el único espacio urbano atractivo de los vallecanos. Existe un enclave singular en el Cerro del Tío Pío, situado entre los barrios de Numancia, Moratalaz y Palomeras Bajas, dentro del distrito de Puente de Vallecas. Este parque, conocido popularmente como el ‘Parque de las Siete Tetas’ por la forma ondulada de sus colinas, se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de la zona.
Desde sus cimas, las vistas de la ciudad de Madrid resultan espectaculares. El perfil urbano se extiende ante el visitante en una panorámica abierta que permite contemplar tanto el centro de la capital como su expansión hacia el horizonte. Este carácter de mirador natural ha consolidado el cerro como un punto de encuentro habitual para quienes buscan disfrutar del atardecer, de la fotografía o simplemente de una pausa frente al ritmo acelerado de la ciudad.
Un auténtico punto de encuentro donde los vallecanos disfrutan de las vistas mientras comparten un refresco o una cerveza en compañía de amigos. Es el caso de Rodrigo, vecino de Puente de Vallecas, que suele reunirse con su grupo cuando el tiempo acompaña, siempre en el mismo rincón del Cerro del Tío Pío para contemplar el atardecer, jugar a las cartas y conversar sin prisas.
"Es un sitio único en Madrid, no encuentras un espacio igual", explica. "Quedamos sobre las siete u ocho, según el día; si no está uno, está otro. Charlamos, tomamos unas cervezas y jugamos al Uno. A veces hasta traemos pizza".
Más allá de su valor paisajístico, el Cerro del Tío Pío representa también un ejemplo de transformación urbana. Levantado sobre antiguos terrenos degradados, hoy es un espacio verde plenamente integrado en la vida cotidiana del barrio, donde conviven el paseo, el deporte y la convivencia vecinal. De este modo, el parque no solo complementa la oferta cultural del entorno, sino que añade una dimensión de disfrute y contemplación que refuerza el vínculo de los vallecanos con su territorio.
Remodelación del Parque de la Viña En ese mismo eje de renovación urbana se sitúa la reciente remodelación del Parque de la Viña, una actuación que ha reconfigurado de manera profunda este espacio verde para adaptarlo a nuevos hábitos de uso y a una mayor diversidad de perfiles vecinales. La intervención ha supuesto una transformación integral del parque, tanto en su estructura interna como en sus materiales, recorridos y equipamientos, con una inversión pública destinada a modernizar instalaciones, mejorar la accesibilidad y ordenar funcionalmente el conjunto del recinto.
"La remodelación del Parque de la Viña ha supuesto una transformación integral tanto en su estructura interna como en sus materiales, recorridos y equipamientos".
Uno de los aspectos más visibles de la actuación ha sido la renovación del pavimento, planteada de forma diferenciada según los usos de cada zona. Por ejemplo, caucho en las zonas infantiles adaptadas o superficies técnicas amortiguadas diseñadas para mejorar la seguridad en las zonas para hacer deporte.
Entre esas zonas específicas para la actividad física destaca el área de calistenia, equipada con estructuras para entrenamiento funcional al aire libre, y la zona biosaludable, orientada al ejercicio moderado y especialmente pensada para población adulta y mayor. Junto a estas instalaciones, la zona infantil ha sido completamente renovada con nuevos elementos de juego adaptados a diferentes edades, pavimento continuo de absorción de impactos y mejoras en la protección, la sombra y la integración con el resto del entorno.
La intervención se completa con la reorganización de las áreas de descanso, la renovación del mobiliario urbano y la mejora del tratamiento vegetal, actuaciones que buscan que el parque sea también una zona de permanencia y no solo de tránsito.
A pesar de todo ello, la Asociación Vecinal de La Viña ha criticado que esta actuación se haya realizado sin tener en cuenta a los residentes. Denuncian que las zonas verdes sea una vegetación "espontánea" en lugar de praderas, que los árboles estén descuidados y sin podar y temen que los equipamientos deportivos acaben descuidados como las instalaciones de petanca del mismo entorno.
Renovación de varias calles A esta transformación del parque se suma la renovación urbana de varias vías del barrio de Entrevías, como las calles Peral, Vedra, Cazorla y Vilches, una intervención, de 1.2 millones de euros, orientada a mejorar la calidad del espacio público y a reforzar la continuidad peatonal en este barrio, lo que era una demanda histórica.
Estos trabajos abarcan una superficie total de 11.550 metros cuadrados y tienen como objetivo principal favorecer la movilidad peatonal y reducir las barreras arquitectónicas.
El distrito cuenta con grandes zonas verdes y abiertas, pero también hay barrios que reclaman sus espacios. En áreas como San Diego, asociaciones vecinales denuncian la falta de espacios adecuados para el descanso y la convivencia. La existencia de solares vacíos que podrían convertirse en parques infantiles o zonas climáticas para el verano es una de las oportunidades urbanas aún pendientes, según los colectivos ciudadanos.
"Estamos muy centrados en mejorar las pequeñas zonas verdes del distrito, donde pueden acudir las familias con sus hijos", señala el concejal-presidente. En este sentido, enumera intervenciones como la actuación en la calle Sierra Bermeja, el nuevo parque Arco Iris de Monte Igueldo o el espacio verde en la calle Puerto de Tarancón, con especial atención a la mejora de áreas infantiles.
La estrategia continuará en los próximos meses con nuevas actuaciones previstas en la calle Imagen y en el parque y quiosco de la calle Peironcely, donde se ha anunciado además la remodelación de un espacio para uso juvenil y cultural.
Niño también destaca la instalación de una pasarela peatonal y ciclista en la zona de Cocherón de la Villa, una demanda vecinal histórica, así como el proyecto de remodelación y revitalización de los bajos del Puente de Vallecas, ya anticipado por el alcalde.
En materia de equipamientos, el concejal considera "fundamental" la construcción del nuevo equipamiento en el solar de la calle Javier de Miguel, junto al Centro de Mayores y Servicios Sociales de San Diego, que también ha sido ampliado. Además, adelanta que el distrito tiene identificadas nuevas necesidades que podrían incluirse en el próximo plan municipal de equipamientos.




