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Muere Juan Tamariz, el mago más televisivo

Tamariz fue un habitual de la pequeña pantalla durante décadas, lo que le otorgó una popularidad masiva y le permitió popularizar la cartomagia

Juan Tamariz durante su actuación en Puerto del Rosario, Fuerteventura

El ilusionista Juan Tamariz ha fallecido este martes 18 de agosto de 2026 a los 83 años en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, según ha confirmado su hija, la también maga Ana Tamariz, a través de las redes sociales. Su muerte cierra la trayectoria de uno de los artistas más queridos y decisivos de la cultura popular española, maestro de generaciones de ilusionistas y teórico de referencia mundial en cartomagia y magia de cerca.

La familia ha informado de que Tamariz estuvo acompañado por sus hijos hasta el final y que “se despidió de este mundo sin sufrir y, como fue siempre su seña de identidad, sonriendo y en paz”, según ha relatado su representante, Moisés Rodríguez. El fallecimiento se ha difundido a lo largo de la tarde, con múltiples medios y instituciones culturales sumándose al homenaje y reconociendo su papel como divulgador que llevó la magia a millones de hogares a través de la televisión.

Nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942, Juan Manuel Tamariz‑Martel Negrón comenzó a hacer trucos con cartas a los cuatro años y consolidó una carrera que combinó espectáculo, pedagogía y teoría del ilusionismo. Su estilo, marcado por un humor fino y una narrativa impecable, convirtió sus rutinas de cartas en piezas de teatro en miniatura, donde el engaño se servía con naturalidad y cercanía.


Tamariz fue un habitual de la pequeña pantalla durante décadas, lo que le otorgó una popularidad masiva y le permitió popularizar la cartomagia entre el gran público. Más allá de los escenarios y los programas de TV, su influencia se extendió a través de decenas de libros y conferencias que se han convertido en lecturas obligadas para cualquier estudioso de la magia.

Su legado es doble: por un lado, el de un artista idolatrado por el público y por sus compañeros de profesión; por otro, el de un teórico que transformó la psicología del engaño en una disciplina artística con reglas y métodos propios. Ilusionistas de todo el mundo se declaran discípulos suyos, y su nombre aparece de forma recurrente en manuales, congresos y escuelas de magia como referencia ineludible.

Ana Tamariz, su hija y heredera de su pasión, dirige en Madrid La Gran Escuela de Magia Ana Tamariz y ha agradecido públicamente “todo el amor que me dio y por el amor a la magia que me regaló”. Con su muerte, España pierde a uno de sus rostros televisivos más entrañables y a un embajador cultural que elevó la magia a categoría de arte mayor.

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