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Nuestros antepasados eran daltónicos

La ceguera para los colores, es una característica que los ancestros de todos los mamíferos, entre los que los humanos estamos incluidos, adquirieron hace unos 150 millones de años y se mantuvo durante otros 100 millones de años, en que el grupo de los primates volvimos a recuperar la visión tal como la percibimos en la actualidad

El daltonismo es la incapacidad para distinguir determinados colores, lo más común es para los colores verde y rojo. Es producida  por una mutación genética que evolutivamente se remonta a la aparición de los primeros mamíferos placentarios, en el periodo Jurásico, la época de mayor apogeo de los dinosaurios. Esta mutación afectó a todas las especies de mamíferos descendientes hasta nuestros días. Por ello el perro, el gato el caballo y, en realidad la mayoría de los mamíferos, tienen una visión coloreada deficitaria. Solo el grupo de los primates, entre los cuales se encuentra el hombre,  volvió a recuperar la visión para esos colores básicos, que combinados junto con el azul consiguen que podamos observar todos los colores que conocemos.

El que esa mutación tuviera tal éxito es en gran parte “culpa” de los dinosaurios. En esa época estos grandes reptiles dominaban el mundo. Nuestros ancestros mamíferos, en cambio, eran unos seres pequeños e insignificantes que se veían obligados a esconderse durante el día de esos feroces predadores en cuevas y agujeros, siendo su vida predominantemente nocturna. En esas circunstancias un ojo especializado en la distinción de los colores no suponía ninguna ventaja, por lo que la selección natural fue actuando hacia la adquisición de un aparato visual enfocado a obtener la mayor cantidad posible de luz para poder guiarse en la oscuridad. Debido a esto casi todos los mamíferos son daltónicos.

Los primeros primates también lo eran. Tras la extinción masiva de los dinosaurios, ocurrida hace 65 millones de años, los mamíferos empezaron a ocupar todos los nichos ecológicos que habían quedado desocupados y  fueron aumentando y divesificándose cada vez más. Entre ellos aparecieron los antepasados de los monos, y en última instancia de los humanos, que se asentaron en los árboles. Comenzaron a tener hábitos diurnos y un linaje de la familia derivó con el tiempo en recuperar la visión tricromática (del rojo, verde y azul), para poder usar el color de la naturaleza en su beneficio.

La hipótesis más aceptada, sobre el éxito de esta nueva mutación en los primates, lo explica como una ventaja a la hora de encontrar mejor alimento. La discriminación del verde y el rojo serían como un “faro” para detectar las plantas más tiernas y nutritivas, cuyos primeros brotes son de un verde más brillante  e incluso llegan a tener tonalidades rojas. No así, en cambio , las plantas y hojas viejas, más cargadas de toxinas y de un color más oscuro o parduzco.

La visión del color es fundamental para muchas especies animales. La mayoría de los peces, anfibios reptiles y aves la tienen. Sólo en los  mamíferos es una cualidad minoritaria. A excepción del hombre, y algunos otros primates , que pudieron recuperar la percepción del color gracias a una mutación ocurrida hace 30 millones de años y que nos hizo diferenciarnos todavía más del resto de los mamíferos.

Ana Lizando

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