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La Técnica Alexander: aprender a usar el cuerpo para vivir, moverse y crear con mayor bienestar

La Técnica Alexander propone un reaprendizaje corporal consciente que mejora la forma de moverse, respirar y vivir

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Susana, a la derecha

En un mundo acelerado, donde el cuerpo suele ser tratado como un mero instrumento al servicio de la productividad, cada vez más personas buscan formas de habitarse mejor. Dolores de espalda, tensiones crónicas, dificultades respiratorias o bloqueos al moverse forman parte del día a día de muchas personas, a menudo sin una causa médica clara. En este contexto, la Técnica Alexander emerge como una herramienta educativa y corporal que propone algo tan sencillo —y a la vez tan profundo— como aprender a usar el propio cuerpo de una manera más consciente, eficiente y amable.

La Técnica Alexander no es una terapia ni un tratamiento médico. Tampoco es un masaje ni una técnica alternativa de carácter espiritual. Se trata de un método educativo corporal, desarrollado a finales del siglo XIX por Frederick Matthias Alexander, que parte de una pregunta fundamental: ¿cómo me estoy usando a mí mismo cuando me muevo, respiro, hablo o realizo cualquier acción cotidiana?

Desde esta premisa, la técnica plantea que muchos de los dolores, tensiones y limitaciones físicas que experimentamos no provienen de lesiones concretas, sino de hábitos inconscientes de uso del cuerpo que vamos adquiriendo y repitiendo a lo largo de los años. Hábitos que, sin darnos cuenta, interfieren con el funcionamiento natural del cuerpo frente a la gravedad.

Una técnica transversal, válida para cualquier persona

Uno de los rasgos más característicos de la Técnica Alexander es su carácter transversal. No está dirigida a un perfil concreto ni a una franja de edad específica. Puede aplicarse a niños, adultos y personas mayores, con o sin experiencia corporal previa, y a personas con realidades físicas muy distintas.

La técnica resulta especialmente útil para quienes desean mejorar su calidad de vida, independientemente de que tengan o no un problema concreto. Personas que sienten molestias recurrentes al caminar, sentarse o estar de pie; músicos, cantantes y actores que buscan liberar tensiones que afectan a su rendimiento; deportistas que quieren moverse con mayor eficacia; o personas que simplemente desean vivir su día a día con menos esfuerzo y más bienestar.

La clave no está en qué se hace, sino en cómo se hace. La Técnica Alexander se centra en observar y reorganizar la forma en que utilizamos el cuerpo en cualquier actividad: desde hacer la compra hasta correr, cantar, estudiar o trabajar frente a un ordenador.

La relación cabeza-cuello-espalda: un eje fundamental

En el corazón de la Técnica Alexander se encuentra un principio esencial: la importancia de la relación entre la cabeza, el cuello y la espalda. Esta zona, donde la cabeza se articula con la columna vertebral, actúa como un eje organizador del resto del cuerpo.

Cuando en esta relación se acumula tensión —algo muy habitual en la vida moderna—, el efecto se transmite al resto del organismo. Las piernas pueden cargarse, los brazos perder coordinación, la respiración volverse superficial o la espalda resentirse. En cambio, cuando esta relación es flexible y libre, el cuerpo entero puede organizarse de una manera más equilibrada y eficiente.

La Técnica Alexander no busca corregir posturas ni imponer movimientos “correctos”. Su objetivo es despertar el sistema neuromuscular, ayudando a la persona a reconocer cuándo está generando tensiones innecesarias y a permitir que el cuerpo recupere su capacidad natural de autorregulación.

Pensar el cuerpo para moverlo mejor

Uno de los aspectos más singulares de esta técnica es que el trabajo se realiza, en gran medida, desde el pensamiento y la atención consciente. Nuestro sistema neuromuscular responde de forma inmediata a las ideas que tenemos sobre el movimiento. De la misma manera que pensamos en mover una mano y la mano se mueve, podemos aprender a dirigir nuestra atención al conjunto del cuerpo para permitir movimientos más fluidos y coordinados.

Durante las clases, se trabaja con acciones muy sencillas —caminar, sentarse, levantarse de una silla— precisamente porque son movimientos cotidianos que realizamos de manera automática. Al reducir la complejidad de la acción, la persona puede observar con mayor claridad qué está haciendo consigo misma mientras se mueve.

Este proceso de observación y toma de conciencia permite descubrir tensiones invisibles, verdaderos “yesos internos” que nos colocamos sin saberlo y que limitan nuestra movilidad. Al identificarlos, el cuerpo puede empezar a soltarlos.

El papel del contacto y la guía del profesor

Las clases de Técnica Alexander se desarrollan de manera individual y cuentan con un elemento fundamental: el contacto manual del profesor. Este contacto no tiene nada que ver con el masaje ni con la manipulación física. Se trata de un contacto ligero y consciente, que sirve como guía para que la persona perciba nuevas posibilidades de movimiento.

A través de este contacto, el profesor ayuda al alumno a reconocer relaciones internas entre distintas partes del cuerpo, favoreciendo una organización más equilibrada frente a la gravedad. Es un aprendizaje que no se impone desde fuera, sino que se construye desde la propia experiencia corporal.

Con el tiempo, el cuerpo “recuerda” estas nuevas sensaciones y la persona puede empezar a aplicarlas por sí misma en su vida diaria. De este modo, la técnica se convierte en una herramienta autónoma, que acompaña a la persona más allá del espacio de la clase.

Dolor, hábitos y cambio sostenible

Muchas personas llegan a la Técnica Alexander buscando alivio para dolores persistentes de espalda, piernas o cuello. En aquellos casos en los que no existe una patología médica concreta, la técnica puede resultar especialmente eficaz, ya que actúa sobre el origen habitual del problema: el uso ineficiente del cuerpo.

El cambio, sin embargo, no es inmediato. La Técnica Alexander propone un proceso lento pero seguro, basado en la repetición consciente y en el reaprendizaje de hábitos profundamente arraigados. No se trata de “arreglar” el cuerpo en pocas sesiones, sino de construir una relación más saludable con uno mismo a medio y largo plazo.

Por lo general, se recomienda un trabajo continuado de al menos varios meses, con una sesión semanal, para que los cambios se asienten y puedan integrarse de manera estable en la vida cotidiana.

Una higiene corporal y mental

Más allá de la mejora física, muchas personas describen la Técnica Alexander como una forma de higiene corporal y mental. Al aprender a prestarse atención, a detener automatismos y a responder de manera más consciente, se genera también una sensación de calma y claridad mental.

No se trata de relajarse pasivamente, sino de organizarse mejor para la acción, permitiendo que el cuerpo haga lo que está diseñado para hacer con el menor esfuerzo posible.

En un contexto social donde el estrés y la desconexión corporal son habituales, la Técnica Alexander ofrece un espacio para recuperar la escucha interna y el equilibrio, integrando cuerpo y pensamiento como una unidad inseparable.

Cita el jueves, 12 de marzo, en Zabalgune

El 12 de marzo, a las 12h30, Susana ofrecerá una sesión de puerta abiertas dentro de las actividades de Zabalgune de este 2026.

Anímate y aprende las positivas consecuencias que esta técnica puede tener en tu vida.

Contacto

Técnica Alexander – Susana Vera Tantos
Web: https://veratantos.com/Inicio/
Instagram: @tecnicaalexanderpamplona

 

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