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¿Por qué los patinetes eléctricos están de moda?

El Black Friday ha dado comienzo anticipadamente en muchos comercios tanto online como físicos, siendo un producto de movilidad urbana uno de los más buscados por los consumidores. Pocas tiendas lo tienen en stock, y los descuentos no son de gran envergadura porque incluso a su precio original se vende rápidamente

Se trata del patinete eléctrico que en los últimos dos años ha visto incrementada enormemente su presencia en nuestro país. Varios factores entran en juego para dar pie a una popularidad de tal calibre, aunque como veremos más adelante también peca de ciertos aspectos negativos que no deben ser pasados por alto, especialmente en lo que a los servicios de alquiler compartido se refiere.

Recorrer gran parte de la ciudad con una sola carga

La moda de los patinetes eléctricos se está viviendo con una especial intensidad en grandes urbes. De hecho, si permaneces durante unos minutos contemplando cualquier carril bici de Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia es muy probable que veas varios modelos circulando por ellos. Aunque el boca a boca está dando pie a que también se extienda por más ciudades de menor tamaño.

Sea cual sea la superficie de la urbe en la que residas traza un recorrido de treinta kilómetros e imagina que puedes completarlo por unos 4 céntimos de euro sin esperas, incomodidades u otros contratiempos. En efecto, ello es posible con un patinete eléctrico –siempre y cuando se opte por un buen modelo como el Ninebot ES1 o el famosísimo Xiaomi M365–.

El precio tan bajo mencionado, por increíble que parezca, es cierto, tratándose concretamente del desembolso a realizar para cargar la unidad al cien por cien. Gracias al generoso amperaje de las baterías que montan su autonomía es considerable, aunque los treinta kilómetros sacados a colación varían dependiendo del peso del piloto y, por supuesto, de los desniveles presentes en el terreno.

Así pues, ir de Getafe a Coslada o hacer un trayecto de ida y vuelta cruzando la Ciudad Condal es posible con una inversión mínima, y por si fuera poco, evitando la contaminación del medio ambiente que tanto preocupa actualmente a la sociedad.

Pero de poco serviría si para recorrer veinte o treinta kilómetros se requiriese un dilatado periodo de tiempo. De hecho, en tal caso los patinetes eléctricos no hubieran triunfado tanto como lo están haciendo. Afortunadamente sus motores de 250W –permitidos por la ley– dan pie a realizar trayectos a un máximo de 25 km/h.

Aquellos usuarios que prefieren ir más despacio para evitar contratiempos como los que detallaremos en las próximas líneas, tienen la posibilidad de activar el modo Eco implementado en muchos modelos que con una velocidad de aproximadamente 18 km/h permiten llevar un buen ritmo en todo momento y aumentar al máximo la autonomía, llegando a los treinta kilómetros anteriormente indicados.

Todo ello da pie a una característica que es tenida muy en cuenta por los consumidores en general: la versatilidad que les ofrece. Y es que prácticamente cualquier uso que pretendan darle a su respectivo modelo es realizable.

Desde estudiantes que necesitan un medio de transporte sostenible, barato y muy fácil a la par que económico de mantener hasta trabajadores que quieren evitar los clásicos atascos mañaneros. De hecho, incluso sirve para ir a hacer la compra, acudir a Correos para enviar o recoger paquetes y, en definitiva, efectuar cualquier tipo de desplazamiento urbano.

Ante tal éxito era evidente que tarde o temprano se acabaría estableciendo en España el modelo conocido bajo el nombre patinetes compartidos, aprovechando precisamente lo versátiles que llegan a ser especialmente en ciudades que han regulado su funcionamiento. Pero, ¿y las que no lo han hecho? ¿Realmente es un buen método este sistema de alquileres?

Pros y contras de los patinetes compartidos

Es inevitable empezar por los aspectos positivos, los cuales son cuantiosos y de gran importancia. En primer lugar, la comodidad es máxima no solo de los patines en sí, sino también del sistema, emplazándose unidades en numerosos puntos de la ciudad en cuestión.

Por otra parte, el precio es bastante económico teniendo en cuenta que cada puesta en marcha del dispositivo seleccionado –la cual se lleva a cabo mediante el teléfono móvil del usuario en cuestión- supone un desembolso de solo un euro, sumándose al coste total quince céntimos por minuto.

A raíz de ello ha de ser mencionado el primer factor negativo: para trayectos de considerable distancia o que obligan a pasar por zonas muy transitadas –impidiendo por tanto ir a velocidad constante para evitar atropellos u otros accidentes– el precio acaba siendo más caro que el del tradicional transporte público.

Adicionalmente las inclemencias meteorológicas como la lluvia obligan a tener preparada siempre una alternativa por si acaso, sobre todo en los meses actuales que están siendo especialmente intensos en España en lo que a las precipitaciones se refiere. Aun así, lo cierto es que el listado de beneficios sigue siendo superior al de desventajas, dando pie a que dicho sistema vaya proliferando cada vez en más ciudades del país.

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