Rajoy y Puigdemont: la estrategia de esperar vs la carrera meteórica

Foto: Pool Moncloa

Por Ana Lázaro Verde (dpa)

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y el jefe del Ejecutivo regional de Cataluña, Carles Puigdemont, se baten desde hace meses en un duelo inédito desde posiciones políticas opuestas y con personalidades antagónicas.

Desde Madrid y Barcelona, ambos protagonizan la crisis institucional más importante abierta en 40 años de democracia española, desatada a consecuencia del desafío soberanista del Gobierno catalán.

Mariano Rajoy , el arte de esperar

Rajoy (Santiago de Compostela, 1955) llegó por primera vez a la presidencia del Gobierno español en 2011 tras una larga trayectoria política: empezó como diputado regional en Galicia, su tierra natal, y alcanzó lo más alto décadas después tras perder dos elecciones generales contra el Partido Socialista (PSOE).

Su máxima en política es esperar. Resistir. Dejar que el tiempo ponga cada cosa en su sitio sin tomar decisiones precipitadas. Aplicó esta estrategia cuando España no conseguía formar Gobierno tras las elecciones generales de 2015 y la retoma ahora en la crisis catalana.

A sus 62 años, ha superado varios contratiempos, como la crisis económica que asoló España desde 2008, la corrupción en su partido y las voces internas críticas con sus polémicas decisiones.

En octubre del pasado año, el PSOE, su tradicional adversario, le dio luz verde para liderar otra legislatura a través de su abstención en la votación de investidura tras meses de parálisis política y espera. La guerra fratricida desatada entre los socialistas le puso en bandeja la presidencia del Gobierno sin contrapartidas a cambio.

El líder del conservador Partido Popular (PP) creció, estudió y dio sus primeros pasos en política en la ciudad gallega de Pontevedra, donde el pasado año fue declarado «persona non grata».

Con fama de buen estudiante y meticuloso, se licenció en Derecho en 1977 y un año después se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España al aprobar una oposición.

Inició su carrera política a principios de los años 80, cuando fue elegido diputado por el partido Alianza Popular, precedente del PP. En 1989 se convirtió en la «mano derecha» de José María Aznar, en cuyo Gobierno fue ministro de Administraciones Públicas, Educación e Interior, además de vicepresidente.

Su elección como líder del PP en 2003 fue controvertida, ya que fue designado directamente y sin debate interno.

Aunque partía con esperanzas de convertirse en jefe del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero frustró sus planes al ganar las elecciones generales de 2004 tres días después de los atentados islamistas que mataron a casi 200 personas en Madrid.

Los que le conocen, destacan su sentido del humor y su carácter sarcástico, que se cuela en algunas de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados. Pero es de sobra conocida su «alergia» a los micrófonos y a las cámaras.

Con su característica barba y sus gafas, el que fuera el «soltero de oro» del PP contrajo matrimonio en 1996 con Elvira Fernández, una mujer diez años menor que él con la que tiene dos hijos.

Carles Puigdemont , el ascenso meteórico

Al contrario que Rajoy, Carles Puigdemont (Amer, 1962) cuenta con una carrera política meteórica. En menos de dos años pasó de ser un completo desconocido en España a precipitar la crisis institucional más importante de las últimas décadas en el país.

Secesionista convencido, llegó a la presidencia del Gobierno regional casi por casualidad en enero de 2016 y desde entonces ha puesto en marcha una política de hechos consumados: dando pasos adelante pese a la oposición del Gobierno español e incluso de la Justicia.

Su nombre no aparecía en ninguna de las apuestas para relevar a Artur Mas cuando éste se vio obligado a dar un paso atrás presionado por la CUP, un partido antisistema que no lo veía con buenos ojos.

La necesidad del apoyo de esta fuerza al Ejecutivo catalán era tan importante entonces, en un momento clave del proceso secesionista, que el hombre que lo había impulsado desde el inicio tuvo que retirarse «in extremis» para evitar una crisis. Y Puigdemont fue el elegido para sucederle en el cargo.

«No son tiempos para cobardes ni para los que les tiemblan las piernas. Nos toca asumir responsabilidades», dijo en su discurso de investidura el 10 de enero de 2016.

Miembro del partido de Mas, hoy llamado PdeCAT, Puigdemont formó parte durante años de diversas organizaciones independentistas catalanas y estuvo al mando de la asociación que congrega a los municipios que defienden la secesión de Cataluña. En 2011 se convirtió en alcalde de Girona.

Aunque estudió filología catalana, se dedicó al periodismo hasta que entró en política y llegó a ser redactor jefe del diario catalán «El Punt» y director de la agencia pública de noticias de la región, además de publicar varios libros y ensayos, entre ellos «Cata… què? Catalunya vista per la premsa internacional» (La Campana, 1994).

En el año 2000 se casó con la periodista Marcela Topor, una mujer 15 años menor que él y con la que tiene dos hijas.

Aunque los perfiles de Rajoy y Puigdemont son bien distintos, tienen algo en común: ambos dirigentes salvaron la vida en sendos accidentes de tráfico cuando apenas superaban los 20 años. Y ahora, sus vidas políticas dependen del desenlace a la crisis que protagonizan.

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