El psiquiatra Javier Schlatter advierte de que esperar a que desaparezcan los problemas para alcanzar la felicidad es un error frecuente que puede condenar a muchas personas a una insatisfacción permanente. “La felicidad se vive en presente o no se vive”, subraya el especialista de la Clínica Universidad de Navarra con motivo de la publicación de su nuevo libro, ¿A qué esperas para ser feliz?.
En un contexto marcado por la incertidumbre global, las crisis sociales y el aumento de los problemas de salud mental, Schlatter analiza cómo cada vez más pacientes acuden a consulta con una sensación de pesimismo y falta de sentido. Según explica, las herramientas emocionales tradicionales pueden quedarse cortas si no existe un horizonte vital que permita interpretar el sufrimiento.
El autor insiste en que la vida está inevitablemente atravesada por dificultades —como pérdidas, enfermedades o crisis personales— y que pretender eliminarlas por completo es irreal. En este sentido, defiende que la felicidad no depende tanto de la ausencia de problemas como de la manera en que se afrontan. “El sufrimiento no es incompatible con la felicidad ni con el sentido de la vida”, sostiene.
Uno de los ejes del libro es la diferencia entre optimismo y esperanza. Mientras el primero se basa en la expectativa de que las cosas salgan bien, Schlatter describe la esperanza como una actitud más profunda y activa, capaz de sostenerse incluso en contextos adversos. “Permite encontrar sentido, incluso cuando no sabemos cómo terminarán las cosas”, apunta.
Desde el punto de vista clínico, el psiquiatra define la felicidad como un estado de equilibrio emocional, con altibajos normales, motivación y capacidad de disfrute. En este marco, factores como el propósito vital, una visión constructiva de la vida y la propia esperanza actúan como elementos protectores frente a trastornos como la depresión o el estrés crónico.
Asimismo, el especialista alerta de un aumento de la desesperanza en las sociedades occidentales, vinculado a la fragilidad de las redes de apoyo, la pérdida de referentes culturales y la falta de sentido de trascendencia. Un escenario que, a su juicio, incrementa la vulnerabilidad emocional en una sociedad cada vez más exigente.
Ante esta realidad, Schlatter reivindica la necesidad de recuperar la esperanza como pilar fundamental de la salud mental. “Aporta un sentido que da oxígeno en la pelea diaria”, concluye.




