La participación del equipo de match race Cigarran Sailing Team en el prestigioso Trofeo Lionell van der Houwen ha supuesto mucho más que una simple presencia internacional: ha sido una experiencia deportiva de alto valor competitivo, formativo y humano que marca un antes y un después en la trayectoria de la tripulación gallega.
Entre los días 13 y 15 de febrero, el equipo se desplazó hasta Antibes, en el corazón de la Costa Azul, para medirse con algunas de las mayores figuras del match race mundial. La cita, organizada por la AMRA Asociación de Match Race Antibes, volvió a demostrar que no es necesario un gran club en dimensión para organizar una competición de referencia internacional cuando existe conocimiento, pasión y rigor deportivo.
Un campo de regatas incomparable
Si el nivel en el agua fue extraordinario, el escenario no lo fue menos. El campo de regatas, situado frente a las históricas murallas de Antibes, ofreció una estampa difícil de igualar en el circuito europeo. Las embarcaciones competían con el Mediterráneo desplegado bajo sus quillas mientras, al fondo, los Alpes nevados dibujaban un horizonte de contrastes poco habitual.
Para tripulaciones atlánticas como la gallega, navegar contemplando la nieve desde el mar resultó una experiencia casi irreal. La luz invernal, limpia y definida, unida a la arquitectura histórica de la ciudad, convirtió cada manga en un espectáculo visual además de deportivo. No pocos regatistas coincidieron en señalar que pocas sedes combinan de forma tan natural belleza paisajística y condiciones técnicas de navegación.
Organización ejemplar sin artificios. Uno de los aspectos más valorados por la flota fue la organización. Sin lujos innecesarios ni despliegues ostentosos, el club anfitrión ofreció una estructura funcional, eficiente y profundamente orientada al regatista.
El comité de regatas mantuvo una puntualidad rigurosa, optimizó cada ventana de viento disponible y logró completar cerca de 90 enfrentamientos en apenas tres jornadas, un volumen organizativo notable para una prueba de match race.
Especial mención merecieron las instalaciones en tierra. Los vestuarios, equipados con amplias zonas de secado de ropa técnica para todos los equipos, evidenciaban la cultura y tradición náutica deportiva del club. Poder finalizar una jornada bajo lluvia intensa y disponer al día siguiente de la equipación completamente seca es un detalle logístico que marca la diferencia en competiciones invernales de alto nivel.
Las condiciones meteorológicas acompañaron en líneas generales, con vientos moderados que permitieron mangas tácticas y muy técnicas. Sin embargo, el sábado 14 de febrero presentó su cara más dura.
Coincidiendo con el Día de los Enamorados, el viento se estableció en torno a los 17 nudos acompañado de lluvia persistente durante toda la jornada. Lejos de frenar la competición, el comité decidió intensificar el programa y lanzó más de 60 duelos en un auténtico maratón deportivo que dejó prácticamente resuelto el cuadro clasificatorio para el domingo.
Aquella jornada puso a prueba la resistencia física, la concentración y la capacidad de adaptación de todas las tripulaciones, especialmente de aquellas menos habituadas a competir bajo presión continuada.
El Trofeo reunió a regatistas situados en la élite del ranking internacional. Cada enfrentamiento era, en la práctica, una final anticipada.
Entre los nombres más destacados figuraba el británico Christian Hamilton, acompañado nada menos que por el número uno del mundo, Ian Williams, referencia absoluta de la disciplina y uno de los regatistas más laureados del circuito profesional con 8 títulos mundiales de Match Race.
Junto a ellos brilló el francés Ian Garreta, quinto del mundo, que firmó un campeonato de enorme consistencia hasta alcanzar la final. El campeón olímpico y Copa América Suizo Nelson Mettraux y Timothée Rossi número 7 del mundo protagonizaron una “petit final” de muy alta tensión, con intercambio de posiciones continuas.
La lista de inscritos incluía además tripulaciones suizas, inglesas, polacas y francesas con amplísima experiencia internacional, configurando una flota donde cada error se pagaba caro y cada maniobra debía ejecutarse al límite de la perfección.
El Cigarran Sailing Team, invitado entre gigantes. En ese contexto de máxima exigencia, la presencia del equipo gallego adquiría un valor especial. Su ranking mundial (118) reflejaba que partían, a priori, varios escalónes por debajo de los grandes favoritos. Pero su invitación no fue casualidad, sino el reconocimiento al crecimiento progresivo del proyecto deportivo.
Lejos de acusar la presión, el equipo asumió el campeonato con ambición competitiva y mentalidad de aprendizaje.
El balance numérico —dos victorias en nueve enfrentamientos más la prueba “King of the Castle”— no refleja por sí solo la realidad de su actuación.
Porque el Cigarran compitió sin complejos.
Hubo presalidas muy disputadas, donde lograron contener la agresividad de rivales expertos. En ceñidas ajustadas demostraron disciplina táctica, y en popas evidenciaron coordinación y velocidad creciente.
Cada manga fue un ejercicio de superación. Maniobras más limpias, comunicación más fluida y decisiones cada vez más rápidas según avanzaba el campeonato.
Nunca se descompusieron, ni siquiera ante tripulaciones que acumulaban títulos mundiales.
El mayor triunfo del equipo no estuvo en la clasificación, sino en su capacidad de absorción competitiva al pelear con fieras.
Competir contra la élite permite entender, desde dentro, qué separa a los mejores del resto: la gestión del tiempo en presalida, la lectura micro del viento, la presión psicológica sobre el rival o la precisión en protestas y penalizaciones.
El Cigarran Sailing Team convirtió cada duelo en una clase magistral.
Analizaron derrotas, estudiaron maniobras rivales, compararon procedimientos y detectaron áreas de mejora con una madurez impropia de su ranking actual.
Ese aprendizaje acumulado es, probablemente, el mayor botín que se llevan de la Costa Azul. El equipo, representante del Club Náutico de Moaña, Con los mecenas Cigarran Abogados, Tear(gabinete de psicológia) estuvo integrado por: Óscar Comesaña, Manuel Martínez, José Cigarrán y Roberto Telle, la nueva incorporación en el equipo
La entrada de Telle aportó frescura y recursos tácticos adicionales. Pese a ser una formación relativamente reciente, la cohesión a bordo fue notable y fue creciendo manga a manga, algo fundamental en match race, donde la sincronización es decisiva.
Una final de nivel especial, Tras tres jornadas intensas, la gran final enfrentó a Hamilton/Williams contra Garreta. Con unos 12 nudos de viento estable, ambos equipos ofrecieron un duelo táctico de enorme calidad: marcajes férreos, dial-ups agresivos y maniobras ejecutadas al límite.
Finalmente, la victoria cayó del lado británico, confirmando su condición de favoritos y cerrando un campeonato de altísimo nivel técnico.
Para el Cigarran Sailing Team, Antibes no representa un punto final, sino un trampolín. El equipo ya tiene fijado su próximo gran objetivo: el segundo “stop” del Campeonato de Europa que se disputará en R.C.N. de Madrid a comienzos de junio. Allí esperan trasladar todo lo aprendido y mucho más frente a la élite Europea.
La preparación comenzará de inmediato en su base habitual de entrenamiento, en la Ría de Vigo, donde trabajarán maniobras, salidas y coordinación con una nueva perspectiva competitiva y si alguien desea participar en el entrenamieto se puede enviar un correo a matchrace@matchtrace.es.
La crónica del Cigarran Sailing Team en el Trofeo Lionell van der Houwen no se mide en trofeos, sino en crecimiento. Compitieron contra fieras del match race mundial. Navegaron en un escenario incomparable. Respondieron con carácter, aprendizaje y dignidad deportiva.
Regresan sin medallas, pero enteros y con ganas, de poner en marcha algo mucho más valioso: experiencia real contra los mejores, conocimiento táctico de primer nivel y la certeza de que el camino emprendido es el correcto.
Y en el exigente universo del match race, esa combinación suele ser el primer paso hacia resultados mucho mayores.






