Un coche limpio, tratado correctamente y mantenido de forma regular conserva mejor sus materiales, resulta más agradable de utilizar y, además, reduce la acumulación de bacterias, polvo y alérgenos en el interior.
Basta seguir un orden lógico de trabajo y utilizar productos adecuados para automoción para, tal como explican desde Detailcar, conseguir los mejores resultados.
El primer paso debe ser siempre la limpieza exterior. Antes de frotar la carrocería es imprescindible realizar un aclarado inicial con agua para eliminar polvo, arena y restos de barro que podrían provocar microarañazos en la pintura.
Tras ello, el siguiente paso de la limpieza de vehículos a mano, es lavar el vehículo con un champú específico para coches y una manopla de microfibra, evitando esponjas duras o productos domésticos. Un método muy utilizado por profesionales es el de los dos cubos, uno con agua jabonosa y otro con agua limpia para aclarar la manopla, de forma que no se arrastre suciedad de nuevo sobre la pintura.
“El lavado debe comenzar siempre por las partes superiores del vehículo y dejar para el final las zonas más sucias, como los bajos, los pasos de rueda y las llantas. Una vez terminado el lavado, se aclara bien toda la superficie y se procede al secado con toallas de microfibra para evitar marcas de cal”, explican.
Las llantas y los neumáticos requieren un tratamiento específico, ya que acumulan restos de polvo de freno y grasa muy adheridos. Lo recomendable es utilizar un limpiador específico para llantas y un cepillo que permita llegar a las zonas interiores. En el caso de los neumáticos, una limpieza con desengrasante suave y cepillo ayuda a eliminar la suciedad incrustada y a recuperar su aspecto original.
Una vez finalizada la parte exterior, se debe pasar al interior, comenzando siempre por un aspirado completo. Es fundamental aspirar no solo las alfombrillas y la moqueta, sino también los asientos, el maletero y las zonas de difícil acceso entre los asientos y los raíles. Este paso elimina la mayor parte de la suciedad sólida y facilita el resto de la limpieza.
Con un paño de microfibra ligeramente humedecido y un limpiador específico para interiores se deben repasar el salpicadero, los paneles de las puertas, la consola central, los aireadores y, especialmente, el volante. Es importante no utilizar productos domésticos agresivos ni limpiadores multiusos, ya que pueden deteriorar plásticos, dejar brillos indeseados o dañar pantallas y superficies delicadas.
La limpieza de la tapicería requiere un tratamiento distinto según el material. En los asientos de tela se debe aplicar un limpiador específico, trabajar el producto con un cepillo de cerdas suaves y retirar el exceso con un paño limpio de microfibra, evitando empapar la espuma interior del asiento. En el caso de los asientos de piel, es fundamental utilizar productos diseñados para cuero, aplicar poca cantidad, limpiar suavemente y finalizar con un acondicionador que ayude a mantener la elasticidad del material y a evitar que se reseque o se agriete con el paso del tiempo.
Los cristales deben limpiarse tanto por dentro como por fuera con un producto específico para lunas. Un truco habitual de los profesionales es limpiar el interior en un sentido y el exterior en otro, por ejemplo horizontal y vertical, para poder identificar fácilmente en qué lado queda cualquier marca.
Para que el coche quede realmente higienizado no basta con que esté visualmente limpio. Una vez retirada la suciedad visible, se recomienda aplicar un producto desinfectante apto para automoción en las zonas de contacto frecuente.
La ventilación del vehículo también juega un papel fundamental. La humedad favorece la aparición de malos olores, moho y bacterias, especialmente después de limpiar tapicerías o alfombrillas. Es recomendable dejar el coche bien aireado hasta que todos los tejidos estén completamente secos.
Por último, un hábito sencillo pero muy eficaz para conservar el coche higienizado es evitar comer en su interior. Los restos de comida y bebidas generan manchas difíciles, malos olores persistentes y favorecen la proliferación de bacterias en moquetas y tapicerías, acortando considerablemente el tiempo durante el cual el vehículo se mantiene limpio.








