Por Heloise Sanmiguel Niebles Noriega, Head of Managed Services en ALIANDO.
Durante la semana se han producido varios sobresaltos: aparece una subida de coste en la factura de Cloud de Amazon Web Services, aunque la infraestructura no ha cambiado. Al revisar el detalle, aparece una nueva línea: “Extended support usage”. Al día siguiente, llega una alerta: un Gateway en Microsoft Azure ha cambiado de SKU en Microsoft Azure sin intervención manual. Al revisar los correos, se observa que tiempo atrás se recibió una notificación indicando que el Gateway utilizado estaba afectado por una retirada y que, aunque no se realizara ninguna acción, se produciría un cambio automático a otra referencia.
Cuando se migró al Cloud, una de las grandes promesas era poder dedicar más tiempo al desarrollo y a aportar valor. Sin embargo, los proveedores de nube avanzan tan rápido que ha surgido un nuevo tipo de deuda técnica: máquinas que deben cambiarse de familia porque se retirarán próximamente, elementos que migran a otras versiones y sobrecostes por soporte extendido que no han sido contratados de forma explícita. Esto implica revisar elementos antiguos, recrear o migrar instancias, recalcular costes y abrir casos de soporte, ya que los manuales y la documentación no siempre funcionan como se espera. Como comenta Heloise Sanmiguel Niebles Noriega, Head of Managed Services en ALIANDO, “el reto no es solo actualizar la infraestructura, sino anticiparse a los cambios automáticos que la nube aplica para no afectar la continuidad de las aplicaciones”.
El Cloud, al final, está virtualizado sobre hardware que con el tiempo debe ser reemplazado o modernizado. Además, ha evolucionado para implementar mejoras y medidas de seguridad cada vez más restrictivas, junto con la evolución constante de elementos como los modelos de IA, que avanzan rápidamente entre versiones, con previsiones de expiración y ciclos de vida especialmente cortos. Esta incesante carrera hacia adelante exige que tanto los proveedores de servicio como los administradores de Cloud elaboren y mantengan de forma proactiva los calendarios de actualizaciones de las referencias de la infraestructura Cloud, y no se enfoquen únicamente en modernizar o parchear elementos de código, APIs o incluso sistemas operativos, una tarea que suele abordarse con apoyo de partners especializados como ALIANDO.
Lejos de ser el lugar donde “no hay que preocuparse por la infraestructura”, el Cloud trae consigo exigencias que, aunque diferentes, pueden impactar en la disponibilidad de las aplicaciones si no se tratan a tiempo o traducirse en una nueva línea en la factura de los servicios del proveedor de nube. Existen casos más complejos, en los que el proveedor decide retirar completamente un elemento de su catálogo. Las notificaciones pueden resultar alarmantes, pero en muchos casos estos productos desaparecen por falta de demanda, dejando a algunos usuarios atrapados en medio, utilizando un servicio que desaparecerá sin remedio.
El mayor problema puede aparecer cuando existen aplicaciones que utilizan protocolos legacy que dejan de funcionar, como ocurrió con la desaparición de los protocolos TLS 1.0 y TLS 1.1 en la nube de Azure a lo largo de 2025. Aunque estos cambios se comunican con antelación, algunos entornos aún no han migrado y los proveedores de servicios gestionados siguen trabajando en migraciones y transiciones de referencias que hace tiempo superaron su periodo de soporte extendido.
Estar informado de este tipo de cambios es crucial para la continuidad de las aplicaciones del negocio, pero no siempre resulta sencillo encontrar la información adecuada entre tantas notificaciones. Además, surge la pregunta habitual: ¿qué acciones deben tomarse cuando se informa de que el servicio del que depende una aplicación va a desaparecer? En estos escenarios, un proveedor de soporte especializado en nube puede contribuir positivamente en la previsión, ya que trabaja de forma continua con múltiples entornos y cuenta con mayor visibilidad sobre los cambios que están por venir. En entornos pequeños, se obtiene el beneficio de las lecciones aprendidas en infraestructuras de mayor tamaño gestionadas por dicho proveedor, especialmente cuando es necesario reemplazar productos o realizar migraciones complejas entre servicios.
Para afrontar este desafío, los administradores de nube que gestionan su propio entorno pueden seguir las siguientes recomendaciones:
Mantenerse informado sobre las novedades relacionadas con retiradas de servicios. En Azure, por ejemplo, puede utilizarse Azure Advisor como apoyo.
Investigar periódicamente el ciclo de vida (lifecycle) de los elementos Cloud, prestando especial atención a clústeres Kubernetes y versiones de bases de datos administradas.
Mantener un inventario actualizado de la infraestructura Cloud y crear un calendario que incluya retiradas o actualizaciones previstas.
Evitar crear nueva infraestructura con productos cercanos a su fin de soporte (especialmente relevante en el caso de los modelos de IA).
Planificar con antelación el reemplazo de infraestructuras antiguas para evitar impactos inesperados.
En un entorno donde el Cloud evoluciona constantemente y los cambios pueden ocurrir sin aviso, la clave está en la anticipación y la planificación. Mantenerse informado, documentar la infraestructura y contar con procesos claros de actualización permite a los administradores minimizar riesgos, evitar sobrecostes inesperados y garantizar la continuidad de las aplicaciones del negocio, transformando la deuda técnica en oportunidades de mejora y adaptación.
Fuentes:
Microsoft Lifecycle Policy: learn.microsoft.com/es-es/lifecycle
AWS Product Lifecycle: aws.amazon.com/es/products/lifecycle







