La Policía Nacional ha desmantelado una compleja estructura delictiva que operaba en España mediante dos ramas interconectadas: una dedicada a la extorsión del sicario y otra a la trata de seres humanos. La operación se ha saldado con la detención de 40 personas tras realizar nueve registros en las provincias de Valencia y Fuerteventura, donde se han intervenido armas de fuego, plantaciones de marihuana y se ha logrado la liberación de tres mujeres explotadas sexualmente.
El método de la extorsión por supuestos servicios sexuales
La investigación, bajo la tutela del Juzgado de Instrucción 1 de Castellón, comenzó en mayo de 2025 a raíz de una denuncia. El "modus operandi" consistía en publicar anuncios falsos en webs de citas para obtener los números de teléfono de los interesados. Posteriormente, los criminales contactaban con ellos fingiendo ser el "jefe" del club para exigir pagos de hasta 5.000 euros bajo amenazas de muerte o de revelar su actividad a su entorno cercano.
Desde el núcleo operativo ubicado en Valencia, la red gestionaba la captación y la intimidación. Según los investigadores, los arrestados "jugaban con el componente de la vergüenza y el temor a que el círculo cercano de las víctimas supieran que consumían servicios sexuales".
Conexión entre la trata de personas y el sicariato ficticio
La red de Valencia mantenía un acuerdo económico con otra rama asentada en Fuerteventura. Esta facción se dedicaba a la explotación sexual de mujeres captadas con falsas ofertas laborales. Los explotadores vendían la información de sus clientes a la red de extorsionadores por un precio de 50 euros por contacto, facilitando así nuevas víctimas para las amenazas.
Las mujeres liberadas en la isla canaria eran sometidas a "condiciones abusivas, control permanente y restricción de movimientos", manteniendo una dependencia total de sus captores debido a su situación administrativa irregular.
Blanqueo de capitales y peleas ilegales de gallos
Para introducir el dinero ilícito en el circuito legal, la organización diversificaba sus actividades. Además del tráfico de drogas, utilizaban las peleas de gallos como herramienta de blanqueo. En los registros efectuados, los agentes hallaron 11 gallos de pelea, dos armas cortas y tres plantaciones de marihuana indoor.
El entramado contaba con una jerarquía piramidal donde las "mulas" bancarias, situadas en la base, aportaban su documentación para abrir cuentas y recibir los pagos de las víctimas a cambio de comisiones. Tras pasar a disposición judicial, siete de los detenidos han ingresado en prisión provisional acusados de delitos de extorsión, organización criminal, blanqueo y trata de seres humanos.




