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Gretty: el alma que ha reinventado el Gretty´s Bar en Noáin

Llegó con 18 años desde Ecuador y hoy lidera un bar municipal que ha conquistado al pueblo a base de constancia, cocina casera y cercanía.

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Hay historias que no empiezan detrás de una barra, pero terminan encontrando allí su verdadero sentido. La de Gretty Santorum es una de ellas. Llegó a España con 18 años desde Ecuador, con una maleta cargada de ilusión y una oportunidad que no todos tuvieron: regularizar su situación apenas tres meses después de aterrizar. Casi tres décadas más tarde, es el rostro visible y el corazón del Gretty´s en Noáin, un establecimiento municipal que ha resurgido bajo su gestión y que hoy suena ya con nombre propio en el municipio.

“Siempre digo que llegué en una época buena”, recuerda. Salió de Quito rumbo a Madrid y, desde allí, a Pamplona. Vino como estudiante. En aquellos años, las colas en el Ministerio de Trabajo eran interminables para conseguir la documentación. Ella fue una de las afortunadas. “A los tres meses me tocó”, dice con esa mezcla de memoria y gratitud que solo dan los años.

De los cuidados a la hostelería

Sus primeros pasos laborales en Navarra no fueron en la hostelería. Comenzó trabajando en servicios de ayuda a personas mayores y niños. Un año después, algo le empujó a cambiar de rumbo. “Me gusta la atención al cliente”, afirma con rotundidad. Y en aquel momento, el sector hostelero ofrecía más oportunidades.

Pidió una excedencia en el hotel en el que trabajaba —el Hotel Albret— y empezó haciendo extras. Barra y comedor fueron su escuela. La casualidad quiso que necesitaran personal fijo. Le propusieron quedarse. Aceptó. Y ahí empezó a forjarse la profesional que hoy dirige su propio negocio.

“Detrás de una barra atiendes, gestionas, pero tienes limitaciones. Al final eres empleado”, reflexiona. Esa inquietud —ella misma se define como “culo inquieto”— fue creciendo con el tiempo. Necesitaba algo más.

El primer salto: una piscina que abrió todo el año

La oportunidad llegó en un formato inesperado: la gestión del bar de unas piscinas en Añorbe. Le animaron clientes habituales. “Preséntate, tú vales”, le decían. En plena pandemia, con el sector en ERTE y el mundo en pausa, Gretty hizo un reseteo vital. “Me vi estancada. No eres eso, me dije”.

Aceptó el reto. El bar de las piscinas solo abría en temporada de verano. Ella decidió abrirlo todo el año. Iba por las tardes, sin dejar su trabajo principal. Muchas veces, sola, con el aire como única compañía. Pero la constancia empezó a dar frutos.

Detectó necesidades del pueblo. El servicio de pan era deficiente. Lo incorporó. Empezó a cocinar como en casa. Y ahí apareció el plato que hoy es casi insignia: el arroz con bogavante. La receta, impulsada por su marido —su gran apoyo, como recalca—, empezó a triunfar. “No tenemos experiencia de cocina, solo lo que nos gusta”, explica. A veces eso basta.

El salto al Gretty´s bar

Tras un año de contrato, el bar volvió a salir a concurso. No hubo acuerdo con la nueva alcaldía. Gretty sintió orgullo por haber levantado un local cerrado y quiso más. Supo que en Noáin se abría una oportunidad. El edificio era municipal, gestionado por empresa privada, con contrato prorrogable hasta cuatro años.

Presentó el proyecto sin expectativas excesivas. “Si es para mí, será”, pensó. Le llamaron cuando estaba en el aeropuerto, a punto de volar a Ecuador para ver a su padre. Se lo habían adjudicado.

Todo fue vertiginoso. Su gestora tramitando papeles. Su marido al frente sin experiencia previa en ese local. Ella organizando desde la distancia. Abrieron en otoño. Durante meses compaginó el nuevo bar con su empleo anterior. No lo dejó definitivamente hasta enero.

Primeras resistencias, primeras batallas

El Gretty’s Bar —nombre que ya es marca— no lo tuvo fácil al principio. Cambiar de gestores siempre genera comparaciones. Y a ella le tocó aplicar subidas de precios que el anterior responsable no había ejecutado.

“Me decían que estaba caro. Pero eran los precios que ya estaban puestos”, explica. El rechazo inicial fue duro. Las reseñas señalaban tiempos de espera. La clientela comparaba constantemente con la etapa anterior.

Gretty apostó por un mensaje claro a su equipo: “Defended vuestra casa. Es la que nos da de comer”. Entendió que el cambio no sería inmediato. Había que ganarse a la gente sorbo a sorbo, plato a plato.

“Yo creo mucho en la vibra”, confiesa. Quería que quien entrara sintiera limpieza, calma, buen ambiente. Que se quedara a gusto a tomar un café. Esa fue su hoja de ruta.

De “vamos al Óscar” a “vamos al Gretty´s”

El bar está en una zona algo apartada del núcleo urbano, junto a las instalaciones deportivas y piscinas. No está “a pie de calle”, como ella misma reconoce. Eso obliga a atraer y fidelizar.

Un día escuchó a unos niños decir: “Nos vamos al Gretty´s”. El nombre anterior quedaba atrás. El suyo tomaba identidad. “Ahí supe que algo estaba cambiando”, dice.

Cuidar a los niños fue estratégico. Fuente de agua, detalles, cercanía. “Niños felices familias felices”, resume con pragmatismo.

Hoy, según quienes frecuentan el local, se ha ganado a parroquianos de toda la vida y a nuevas familias. El boca a boca ha sido su mejor campaña de marketing. Las redes sociales, admite, no las maneja con soltura. Prefiere la conversación directa.

Cocina abierta y comida de siempre

El Gretty´s Bar abre de lunes a jueves de 9:30 a 21:30, los viernes hasta las 00:00, los sábados hasta las 00:30 y los domingos hasta las 21:00. No cierra ningún día. La cocina permanece abierta desde las 9:30, sin cortes estrictos entre semana.

“Si alguien a las cinco de la tarde quiere una hamburguesa caliente, la tiene”, afirma. Esa flexibilidad es uno de sus distintivos.

Su propuesta culinaria apuesta por recuperar la comida casera. Callos, manitas de cerdo, ajoarriero con huevo frito, carrilleras elaboradas sin espesar con harina —solo con verdura—. Producto de calidad, carne de Angus en hamburguesas, pan de cristal en lugar de brioche industrial.

La carta es corta. “No me gustan las cartas eternas”, sostiene. Prefiere rotar, trabajar género de temporada y evitar desperdicios. El menú del día cuesta 13,50 euros e incluye varias opciones sin saturar.

El arroz con bogavante, por encargo, sigue siendo estrella. También un arroz mixto de carne —“no es paella, tampoco arroz chino”— que se ha ganado su espacio.

Entre los guiños latinoamericanos destaca la empanada colombiana elaborada solo con harina de maíz, rellena de pollo o carne sin mezclar con patata. Apta para celíacos, ha sorprendido a clientela local. “La prueban y repiten”, asegura.

Eventos, familias y futuro

El amplio espacio del local permite celebrar comidas familiares, cumpleaños infantiles —con limitaciones en fines de semana— y eventos privados. Gretty ha aprendido a dividir el salón para ofrecer privacidad a grupos simultáneos. “He hecho de una mesa un biombo”, explica orgullosa.

Repite una idea que define su filosofía: “No es lo mismo contentar a dos que a cuarenta”. Cuando un grupo entero sale satisfecho y promete volver al año siguiente, siente que el esfuerzo merece la pena.

Entre sus planes está consolidar un vermut musical mensual o tardeos puntuales, coordinándose con el calendario municipal para no solaparse con otros eventos.

Orgullo, integración y constancia

“Llevo casi 28 años aquí y sigo siendo de fuera”, reflexiona sin victimismo. La integración no es un trámite administrativo; es un proceso constante. En la hostelería, además, se libra cada día.

Tiene tres hijos. Un marido que la apoya y también le reclama tiempo. Durante el primer año y medio apenas descansó. Ahora empieza a permitirse algún día libre. El equipo se consolida. El proyecto se asienta.

“De nada sirve que la comida sea exquisita si el trato falla al final”, insiste. Para ella, la experiencia completa incluye el último café.

Gretty Santorum no heredó un negocio. Lo reinventó. Transformó un bar municipal en una marca con nombre propio. Y lo hizo desde la constancia, la autocrítica y una convicción sencilla pero poderosa: que la mejor publicidad es que el cliente se vaya contento y quiera volver.

En un sector donde abrir es fácil y mantenerse es la verdadera prueba, el Gretty´s Bar demuestra que la identidad, el trabajo diario y la cocina honesta siguen siendo la mejor receta.

Contacto

Gretty`s Bar

Ctra. Aeropuerto, S/N, 31110 Noáin, Navarra

Tel. 948 92 75 97// 609611049 (Por Whatsapp también)

De lunes a jueves, 9,30 A 21,00 HORAS ININTERRUMPIDAMENTE

Viernes 9.30 a 00.00 horas

Sábado 9.30 a cierre (0.30 horas)

Domingo igual que el lunes

Menús del día 13,50 euros

Celebraciones, cumpleaños.

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