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La alerta por hantavirus deja una lección clara: la vigilancia epidemiológica funciona, pero el sistema está al límite

Expertos reunidos en Pamplona advierten de que la falta de recursos humanos es la principal vulnerabilidad del sistema de salud pública en España

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Cerca de 700 profesionales de la epidemiología se han reunido esta semana en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra con motivo de la XLIV Reunión Anual de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). La gestión de la reciente alerta por hantavirus ha ocupado este jueves una mesa de debate que ha arrojado un diagnóstico agridulce: el sistema demostró que puede responder con rapidez y coordinación, pero opera al límite de su capacidad.

La respuesta funcionó, y eso casi nadie lo vio

Quienes participaron en la sesión reivindicaron el éxito silencioso de la salud pública. "El mayor éxito de la vigilancia epidemiológica es, precisamente, que hoy esta alerta ya no es noticia", señalaron, recordando que la visibilidad del trabajo epidemiológico suele ser inversamente proporcional a su efectividad: cuando funciona, no pasa nada, y eso no genera titulares.

La coordinación entre el Ministerio de Sanidad, las comunidades autónomas y los organismos internacionales permitió alcanzar consensos técnicos y adoptar medidas proporcionadas al riesgo real. En la mesa participaron María José Sierra Moros, subdirectora adjunta del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, y Alonso Sánchez-Migallón Naranjo, responsable del Sistema de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles de la Región de Murcia, bajo la moderación de Guillermo Ezpeleta Lobato, jefe del Servicio de Epidemiología y Prevención Sanitaria del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra.

El problema: profesionales que trabajan al límite

Pese a la respuesta satisfactoria, los expertos señalaron sin ambages cuál es el talón de Aquiles del sistema: la insuficiencia de recursos humanos. La gestión de alertas sigue dependiendo con frecuencia de la voluntariedad y el esfuerzo adicional de los equipos, en un contexto de falta de reconocimiento profesional y condiciones laborales que provocan la fuga de talento joven. "La cooperación y la evidencia científica funcionan y salvan vidas, pero el sistema está al límite", resumieron los participantes.

A ello se suma el reto de la modernización tecnológica: los expertos apostaron por incorporar automatizaciones en la historia clínica electrónica, herramientas de inteligencia artificial para el apoyo al diagnóstico y una mayor interoperabilidad entre salud pública y atención sanitaria. El objetivo, explicaron, es pasar de un modelo reactivo a uno basado en la detección precoz y la anticipación del riesgo.

Comunicar sin alarmar, y sin politizar

Otro de los focos del debate fue la comunicación del riesgo. Los epidemiólogos lamentaron la proliferación de mensajes de fuentes poco rigurosas durante la alerta, que generaron confusión y erosionaron la confianza ciudadana en las instituciones. Desde la SEE insistieron en que la comunicación debe ser "transparente, coherente y respaldada por la evidencia disponible".

También lanzaron una advertencia sobre la instrumentalización política de las crisis sanitarias: "La salud pública no puede ser una herramienta con la que hacer política", afirmaron, subrayando que este tipo de gestiones exige cooperación entre administraciones y consenso técnico, no confrontación partidista.

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