Las altas temperaturas propias del verano modifican algunos hábitos de consumo y conservación de los alimentos, especialmente cuando se trata de productos de gran calidad que requieren unos cuidados específicos. El jamón ibérico forma parte de la gastronomía española durante todo el año y, con una conservación adecuada, mantiene intactas sus propiedades organolépticas incluso en los meses más calurosos. En este escenario, Félix de Múrtiga comparte las principales recomendaciones para conservar correctamente una pieza y disfrutar de todo su aroma, textura y sabor durante el verano.
La conservación adecuada, clave para preservar la calidad del jamón ibérico
El calor no impide disfrutar de un buen jamón ibérico, aunque sí hace necesario prestar atención a las condiciones de conservación de la pieza. La recomendación principal consiste en mantener el jamón en un lugar fresco, seco y bien ventilado, alejado de la luz solar directa y de fuentes de calor que puedan alterar el proceso natural de curación.
Una vez iniciada la pieza, resulta aconsejable proteger la zona del corte con las propias lonchas de grasa obtenidas al comenzar el jamón y cubrirla posteriormente con un paño de algodón limpio y transpirable. De este modo, se favorece la conservación de la humedad superficial y se protege la carne del contacto directo con el aire, ayudando a mantener sus cualidades durante más tiempo.
La temperatura también influye en el momento del consumo. Para apreciar plenamente el aroma, la infiltración de grasa y la textura característica del producto, es recomendable servir el jamón cuando alcance una temperatura ambiente adecuada. En estas condiciones, la grasa se funde de forma natural y permite apreciar toda la complejidad aromática desarrollada durante su lenta curación.
La experiencia acumulada por Félix de Múrtiga en la elaboración de jamones y paletas ibéricas demuestra que una correcta conservación permite disfrutar del producto en cualquier época del año sin que las altas temperaturas supongan un inconveniente.
Tradición, curación lenta y conocimiento del producto
La calidad de un jamón ibérico comienza mucho antes de llegar a la mesa. La selección de la materia prima, la crianza de los animales y el proceso de curación son factores determinantes para obtener un producto de máxima calidad.
En Félix de Múrtiga, la elaboración se desarrolla en la Sierra de Jabugo mediante un proceso de curación lenta supervisado por maestros jamoneros, que controlan la evolución de cada pieza respetando los tiempos naturales. Este conocimiento, adquirido durante décadas de experiencia, permite ofrecer productos que conservan todas sus propiedades y expresan la riqueza de los aromas y matices propios del ibérico.
Conservar correctamente una pieza durante el verano constituye la mejor forma de preservar el trabajo realizado desde el origen hasta su punto óptimo de curación. Gracias a unas sencillas pautas de conservación y servicio, el jamón ibérico continúa siendo uno de los grandes protagonistas de la gastronomía estival, manteniendo intacta la excelencia que caracteriza a un producto elaborado siguiendo la tradición.




