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Pamplona refuerza sus riberas frente a las especies invasoras para ganar biodiversidad y resiliencia climática

 La intervención no es fruto de una actuación puntual, sino de un proceso de planificación iniciado en 2023

  • RUNA
  • En noviembre y diciembre pasado se actuó en 54 puntos ante las especies más abundantes o nocivas, retirándolas y sustituyéndolas por autóctonas

El Ayuntamiento de Pamplona ha dado un nuevo paso en la recuperación ambiental de sus ríos. A lo largo de los casi 35 kilómetros de riberas del Arga, Elorz y Sadar, el Consistorio ha intensificado en los últimos meses la lucha contra las especies vegetales exóticas e invasoras, uno de los principales factores de degradación de los ecosistemas fluviales urbanos.

Entre noviembre y diciembre de 2025, los equipos municipales actuaron en 54 puntos especialmente sensibles, donde se concentraban las especies más abundantes o dañinas. Allí se retiraron ejemplares invasores y se sustituyeron progresivamente por vegetación autóctona, capaz de regenerar de forma natural el paisaje de ribera y favorecer el regreso de la fauna.

Un trabajo planificado desde 2023

La intervención no es fruto de una actuación puntual, sino de un proceso de planificación iniciado en 2023, cuando se realizó una revisión completa de las riberas. Un año después, ese trabajo cristalizó en un diagnóstico detallado que localizó 73 puntos críticos y al menos 17 especies invasoras presentes en el entorno fluvial. Toda esta información se integró en la plataforma digital de gestión de la ciudad, lo que permite un seguimiento continuo y una actuación más eficaz.

A finales de 2025, el Ayuntamiento dio el siguiente paso: pasar del diagnóstico a la acción, eliminando cinco especies en los 54 puntos más afectados y estableciendo los protocolos de actuación futura para frenar su expansión con medios municipales ordinarios.

La inversión en esta fase ha sido de unos 175.000 euros, de los que 155.000 se han destinado directamente a trabajos de erradicación y plantación, y el resto al seguimiento técnico y la elaboración del manual de manejo de riberas.

Más naturaleza, más ciudad habitable

Los beneficios van mucho más allá de la vegetación. La naturalización de 34.850 metros lineales de riberas mejora los indicadores de biodiversidad, crea mejores refugios para la fauna y contribuye a reducir el efecto isla de calor, uno de los grandes retos de las ciudades frente al cambio climático.

Las riberas actúan además como corredores verdes, conectando parques y espacios naturales y reforzando la red ecológica urbana. Todo ello encaja con la Agenda Urbana 2030 y con el Plan de Infraestructuras Verdes y Azules del Ayuntamiento, que busca una Pamplona más resiliente y saludable.

El proyecto se enmarca en la acción B15 del programa RUNA 2025, que ha obtenido 2,7 millones de euros en ayudas de la Fundación Biodiversidad del MITECO, financiadas por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation EU.

Ailantos, cañas y plumeros, en el punto de mira

Las actuaciones se han centrado en cinco especies especialmente problemáticas: ailanto (Ailanthus altissima), falsa acacia (Robinia pseudoacacia), caña común (Arundo donax), plumero de la Pampa (Cortaderia selloana) y el arbusto de las mariposas (Buddleja davidii). Su eliminación ha sido tanto superficial —mediante tala o descortezado— como subterránea, retirando raíces y rizomas para impedir su rebrote. Un trabajo minucioso, imprescindible para que la invasión no se reproduzca.

1.175 metros de nuevas plantaciones en Beloso y la Runa

Tras la retirada de las especies invasoras, los espacios intervenidos se han ido revegetando con especies autóctonas, dispuestas de forma lineal, imitando el crecimiento natural de la ribera.

En zonas especialmente sensibles y naturalizadas, como 500 metros en Beloso y 675 metros en el parque de la Runa, las plantaciones han sido más densas, con el objetivo de crear áreas frondosas y de alto valor ecológico. El Ayuntamiento ha reservado además planta para reponer las marras, dejando que las especies compitan entre sí hasta que las más fuertes lleguen a su madurez.

Tres años después de iniciar este camino, Pamplona empieza a ver cómo sus ríos recuperan poco a poco su rostro más natural, convirtiéndose en aliados clave para una ciudad más verde, más fresca y más viva. 

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