Una riada de dimensiones extraordinarias arrasó este miércoles el norte de Nepal y dejó, según el último balance provisional-podría haber hasta 10.000 víctimas según estimaciones- al menos 95 muertos y más de 600 desaparecidos en una de las catástrofes naturales más graves que recuerda el país del Himalaya en los últimos años. El desastre, que se cobró también al menos tres vidas en la vecina región china del Tíbet, golpeó al amanecer el distrito fronterizo de Rasuwa y ha puesto en alerta a un país ya acostumbrado a la furia de sus ríos de montaña.
La tragedia se desató a primera hora de la mañana, cuando el río Bhote Koshi se desbordó y arrasó decenas de asentamientos en los distritos de Rasuwa y Nuwakot, así como la zona del puerto de Gyirong, en la frontera entre China y Nepal. La avalancha de agua y lodo destrozó carreteras, sepultó vehículos bajo metros de fango, arrasó mercados y puestos de seguridad, y dejó comunidades enteras incomunicadas en uno de los valles más escarpados del país.
A horrific scene of severe flooding at the Rasuwagadhi border point on the Nepal-Tibet border.
The strong currents wreaked havoc across the area, leaving 400 pilgrims and 105 Indian tourists also missing in the Nepal floods.#NepalFloods #Nepal #Rasuwa #FlashFlood #Floods pic.twitter.com/dwAX12Gj7l
— Ravi Pandey?? (@ravipandey2643) August 26, 2026
El balance de víctimas sigue creciendo a medida que avanzan las labores de rescate. La Policía de Nepal en la provincia de Bagmati elevó el recuento de fallecidos a al menos 95, tras un primer balance que hablaba de 55 muertos, mientras el Ejército lograba rescatar con vida a 88 personas en una operación complicada por la dificultad del terreno y la falta de comunicaciones. La identificación de los cadáveres recuperados aún no ha concluido, y los portavoces de las fuerzas de seguridad advierten de que la cifra podría aumentar en las próximas horas.
Lo que confiere a este desastre una dimensión especialmente dramática es el elevado número de extranjeros afectados. La Junta de Turismo de Nepal cifró en 384 los turistas con los que se ha perdido el contacto, de los que 93 eran nepalíes y 291 extranjeros, en su gran mayoría peregrinos que se dirigían al monte Kailash y al lago Mansarovar, en el Tíbet, en una ruta sagrada para hindúes, budistas y jainistas que cada año atrae a miles de devotos y senderistas. Entre los desaparecidos figuran dos ciudadanos españoles, confirmaron las autoridades nepalíes.
El desglose preliminar de nacionalidades, elaborado a partir de datos aportados por agencias de viajes y operadores turísticos, sitúa a la India como el país más castigado, con 133 de sus nacionales desaparecidos. Le siguen Estados Unidos, con 47; Australia, con 34; Reino Unido, con 33; Canadá, con 24; Malasia, con 19; Ucrania, con siete; Singapur y Sudáfrica, con seis cada uno; Japón y Nueva Zelanda, con cinco; Alemania, con cuatro; Francia, con tres; e Irlanda, Países Bajos, Rusia y España, con dos cada uno. Además, al menos 32 efectivos de seguridad permanecen en paradero desconocido cerca de la frontera con China, y alrededor de 62 nepalíes que hacían senderismo hacia el lago Gosaikunda —un destino de peregrinación que este viernes celebraba la festividad de Janai Purnima— figuran entre los no localizados.
El origen de la riada sigue sin esclarecerse y las versiones de las autoridades y de los expertos divergen. El ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Shishir Khanal, afirmó que la riada fue provocada por un terremoto registrado a las 8:37 hora local, que habría causado un gran deslizamiento de tierra que bloqueó el cauce del Bhote Koshi. El Servicio Geológico de Estados Unidos registró, en efecto, un sismo de magnitud 4,4 a unos cien kilómetros al norte de Katmandú, cerca de la frontera con el Tíbet.
Sin embargo, expertos climáticos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, con sede en Katmandú, sostienen una hipótesis distinta: probablemente fue una avalancha de hielo y roca procedente de un glaciar del lado nepalí la que bloqueó el río y liberó después una crecida súbita aguas abajo. El especialista Saswata Sanyal advirtió de que el afluente Lhende Khola ya se había desbordado en dos ocasiones en los últimos catorce meses, lo que apunta a un patrón recurrente de desastres en una región cada vez más vulnerable.
La huella material del desastre es colosal. La crecida destruyó 27 puentes —22 de hormigón y cinco tipo Bailey— a lo largo del tramo entre Rasuwa y Dhading Galchhi, dejó gravemente dañada una central hidroeléctrica y arrasó varias obras de este tipo, incluida una planta en cuyas labores de construcción trabajaban ciudadanos surcoreanos que ahora figuran entre los desaparecidos. La riada interrumpió además el tránsito por una de las principales rutas terrestres entre Nepal y el Tíbet, un corredor económico y de viaje especialmente sensible durante desastres de esta naturaleza.
Frente a la magnitud de la catástrofe, el dispositivo de rescate desplegado es uno de los mayores de los últimos años en el país. El Ejército de Nepal movilizó seis helicópteros, a los que se sumaron ocho aparatos operados por empresas privadas, junto a agentes de las fuerzas de seguridad y numerosos efectivos de tierra, en una operación aérea y terrestre dificultada por lo escarpado del terreno y la imposibilidad de comunicarse con las zonas más profundas del valle. Las autoridades emitieron avisos a los residentes de varios distritos para que se alejaran de las riberas de los ríos Bhotekoshi, Trishuli y Narayani, ante el riesgo de nuevas crecidas.
La tragedia se inscribe en un contexto climático cada vez más inquietante. Investigadores de Katmandú hallaron a principios de 2026 que los glaciares del Hindu Kush Himalaya se derriten a un ritmo acelerado y que las tasas de pérdida de hielo se han duplicado desde el año 2000, en una región que se calienta más rápido que el resto del planeta y donde las avalanchas y las riadas glaciares se han vuelto más frecuentes. No es la primera vez que la zona sufre un desastre de este tipo: en agosto del año pasado, un lago glaciar del Tíbet se desbordó a causa de las altas temperaturas y dejó nueve muertos y daños en infraestructura crítica, incluido el puente que conecta Nepal y China.
Mientras los equipos de rescate continúan rastreando las laderas cubiertas de lodo y los helicópteros sobrevuelan el cauce del Bhote Koshi en busca de algún signo de vida, Nepal se enfrenta a una de sus peores pesadillas: la convergencia entre un territorio extremo, un cambio climático que acelera el derretimiento de sus glaciares y la presencia de cientos de peregrinos y senderistas en el lugar menos indicado en el peor momento posible. La cifra de muertos y desaparecidos, advirtieron las autoridades, es todavía provisional y podría crecer en las próximas horas a medida que se recuperen los cuerpos y se restablezcan las comunicaciones con las zonas más aisladas del valle.



