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¿Ampliar el almacén o aprovechar mejor el espacio? El reto de las empresas industriales

Con más de 2,7 millones de metros cuadrados de superficie logística contratados en España durante 2025, la forma de almacenar mercancías gana importancia en sectores como la construcción, la madera o el metal.

  • ¿Ampliar el almacén o aprovechar mejor el espacio? El reto de las empresas industriales

Con más de 2,7 millones de metros cuadrados de superficie logística contratados en España durante 2025, la forma de almacenar mercancías gana importancia en sectores como la construcción, la madera o el metal.

Cuando una empresa industrial necesita crecer, la primera respuesta suele ser buscar más espacio. Una nave mayor, una ampliación o nuevas instalaciones. Pero el problema no siempre está en los metros cuadrados disponibles, sino en cómo se utilizan.

La cuestión cobra especial importancia en un mercado logístico que continúa creciendo. Según los datos de CBRE, en España se contrataron más de 2,7 millones de metros cuadrados de superficie logística durante 2025, un 7 % más que el año anterior.

En este contexto, aprovechar mejor una nave existente puede convertirse en una alternativa a la ampliación de instalaciones, especialmente cuando el crecimiento de la actividad exige almacenar más mercancía sin comprometer la operativa diaria.

Madera, acero o construcción: almacenar no significa simplemente apilar

El problema se entiende mejor cuando se observa qué ocurre dentro de determinados almacenes.

Una empresa que trabaja con perfiles de acero de varios metros no tiene las mismas necesidades que otra que almacena palés. Tampoco una carpintería que maneja tableros y madera larga o un distribuidor de materiales de construcción.

El peso, la longitud, la rotación de los productos, la accesibilidad y la maquinaria utilizada condicionan la organización del espacio.

Por eso existen diferentes sistemas de estanterías y almacenamiento industrial, diseñados para responder a necesidades específicas: soluciones para mercancías largas y voluminosas, sistemas de paletización, estanterías móviles o estructuras autoportantes que integran el almacenamiento en la propia configuración de la nave.

La empresa alemana OHRA, especializada desde hace décadas en sistemas de almacenamiento industrial y con presencia en España, desarrolla soluciones adaptadas a sectores como la madera y el mueble, los materiales de construcción, el acero, el metal y la ingeniería mecánica.

Su actividad refleja una realidad cada vez más presente en la industria: organizar correctamente el almacenamiento implica analizar tanto las características de la mercancía como los procesos de trabajo.

El objetivo no consiste simplemente en conseguir que quepa más mercancía. Se trata de conseguir que quepa mejor, siga siendo accesible y pueda manipularse de forma eficiente.

El coste oculto de un almacén mal organizado

Una distribución poco eficiente genera situaciones aparentemente pequeñas que, repetidas cientos de veces, terminan teniendo impacto económico.

Mover una carga para acceder a otra. Recorrer innecesariamente parte de la nave. Mantener zonas vacías porque determinados materiales no pueden almacenarse en altura. Manipular varias veces una mercancía antes de llevarla a producción.

Cada una de estas operaciones consume tiempo, recursos y capacidad de trabajo.

También existe una dimensión relacionada con la seguridad laboral.

Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), durante 2024 se produjeron 162.753 accidentes laborales con baja por sobresfuerzos, equivalentes al 29,3 ? los accidentes laborales con baja registrados durante la jornada de trabajo.

Los sobresfuerzos constituyen un riesgo relevante para actividades industriales, de construcción y transporte, donde son habituales los esfuerzos físicos intensos y la manipulación de cargas.

Un sistema de almacenamiento adecuado no elimina por sí mismo estos riesgos, pero la forma de colocar, acceder y manipular los materiales constituye un elemento importante en la organización preventiva del trabajo.

¿Más metros o mejores metros?

La pregunta adquiere especial relevancia cuando ampliar una instalación supone adquirir suelo, construir nuevas instalaciones o trasladar parte de la actividad.

Antes de tomar esa decisión, analizar la capacidad real del almacén permite identificar espacios desaprovechados en altura, pasillos sobredimensionados, recorridos innecesarios o sistemas que ya no responden a las características de la mercancía.

En determinados entornos industriales, las estanterías cantiléver para cargas largas y voluminosas permiten almacenar horizontalmente tubos, perfiles metálicos, madera, paneles o vigas, facilitando el acceso a materiales que, por sus dimensiones, resultan difíciles de organizar mediante sistemas convencionales.

Su diseño con brazos de soporte y sin columnas frontales permite adaptar las configuraciones a diferentes longitudes y pesos, teniendo siempre en cuenta las características de las cargas y las condiciones de manipulación.

Para mercancía paletizada, el planteamiento es diferente. Y cuando la prioridad es aumentar la densidad de almacenamiento, los sistemas móviles pueden contribuir a reducir la superficie destinada a pasillos.

No existe, por tanto, una estantería adecuada para cualquier empresa.

Existe una solución adecuada para cada flujo de trabajo, mercancía y espacio.

La clave está en estudiar cómo funciona realmente el almacén antes de decidir qué sistema incorporar.

La tecnología llega después

La automatización también está entrando en los almacenes. Sensores, sistemas de gestión, maquinaria automática y soluciones conectadas permiten controlar y agilizar numerosas operaciones.

Pero automatizar no corrige necesariamente una mala distribución del espacio.

Antes de incorporar tecnología conviene responder preguntas mucho más básicas: qué se almacena, cuánto pesa, cuánto mide, con qué frecuencia se mueve, cómo se accede a ello y cuánto espacio requiere realmente.

Estas cuestiones ayudan a definir una organización coherente con los procesos productivos y permiten valorar posteriormente qué herramientas tecnológicas pueden aportar mejoras.

A partir de ahí, el almacenamiento deja de ser simplemente el lugar donde permanece la mercancía mientras espera.

Se convierte en parte del proceso productivo.

Y quizá por eso uno de los mejores indicadores de que un almacén está bien diseñado sea precisamente que apenas se nota: la mercancía entra, se localiza, se manipula y sale sin que el espacio se convierta en un obstáculo.

En un contexto en el que el espacio logístico adquiere un valor cada vez mayor, la competitividad industrial no depende únicamente de disponer de más metros cuadrados, sino de saber aprovecharlos.

Porque, en ocasiones, crecer no significa ampliar las instalaciones, sino conseguir que las existentes funcionen mejor.

Con más de 2,7 millones de metros cuadrados de superficie logística contratados en España durante 2025, la forma de almacenar mercancías gana importancia en sectores como la construcción, la madera o el metal.

Cuando una empresa industrial necesita crecer, la primera respuesta suele ser buscar más espacio. Una nave mayor, una ampliación o nuevas instalaciones. Pero el problema no siempre está en los metros cuadrados disponibles, sino en cómo se utilizan.

La cuestión cobra especial importancia en un mercado logístico que continúa creciendo. Según los datos de CBRE, en España se contrataron más de 2,7 millones de metros cuadrados de superficie logística durante 2025, un 7 % más que el año anterior.

En este contexto, aprovechar mejor una nave existente puede convertirse en una alternativa a la ampliación de instalaciones, especialmente cuando el crecimiento de la actividad exige almacenar más mercancía sin comprometer la operativa diaria.

Madera, acero o construcción: almacenar no significa simplemente apilar

El problema se entiende mejor cuando se observa qué ocurre dentro de determinados almacenes.

Una empresa que trabaja con perfiles de acero de varios metros no tiene las mismas necesidades que otra que almacena palés. Tampoco una carpintería que maneja tableros y madera larga o un distribuidor de materiales de construcción.

El peso, la longitud, la rotación de los productos, la accesibilidad y la maquinaria utilizada condicionan la organización del espacio.

Por eso existen diferentes sistemas de estanterías y almacenamiento industrial, diseñados para responder a necesidades específicas: soluciones para mercancías largas y voluminosas, sistemas de paletización, estanterías móviles o estructuras autoportantes que integran el almacenamiento en la propia configuración de la nave.

La empresa alemana OHRA, especializada desde hace décadas en sistemas de almacenamiento industrial y con presencia en España, desarrolla soluciones adaptadas a sectores como la madera y el mueble, los materiales de construcción, el acero, el metal y la ingeniería mecánica.

Su actividad refleja una realidad cada vez más presente en la industria: organizar correctamente el almacenamiento implica analizar tanto las características de la mercancía como los procesos de trabajo.

El objetivo no consiste simplemente en conseguir que quepa más mercancía. Se trata de conseguir que quepa mejor, siga siendo accesible y pueda manipularse de forma eficiente.

El coste oculto de un almacén mal organizado

Una distribución poco eficiente genera situaciones aparentemente pequeñas que, repetidas cientos de veces, terminan teniendo impacto económico.

Mover una carga para acceder a otra. Recorrer innecesariamente parte de la nave. Mantener zonas vacías porque determinados materiales no pueden almacenarse en altura. Manipular varias veces una mercancía antes de llevarla a producción.

Cada una de estas operaciones consume tiempo, recursos y capacidad de trabajo.

También existe una dimensión relacionada con la seguridad laboral.

Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), durante 2024 se produjeron 162.753 accidentes laborales con baja por sobresfuerzos, equivalentes al 29,3 ? los accidentes laborales con baja registrados durante la jornada de trabajo.

Los sobresfuerzos constituyen un riesgo relevante para actividades industriales, de construcción y transporte, donde son habituales los esfuerzos físicos intensos y la manipulación de cargas.

Un sistema de almacenamiento adecuado no elimina por sí mismo estos riesgos, pero la forma de colocar, acceder y manipular los materiales constituye un elemento importante en la organización preventiva del trabajo.

¿Más metros o mejores metros?

La pregunta adquiere especial relevancia cuando ampliar una instalación supone adquirir suelo, construir nuevas instalaciones o trasladar parte de la actividad.

Antes de tomar esa decisión, analizar la capacidad real del almacén permite identificar espacios desaprovechados en altura, pasillos sobredimensionados, recorridos innecesarios o sistemas que ya no responden a las características de la mercancía.

En determinados entornos industriales, las estanterías cantiléver para cargas largas y voluminosas permiten almacenar horizontalmente tubos, perfiles metálicos, madera, paneles o vigas, facilitando el acceso a materiales que, por sus dimensiones, resultan difíciles de organizar mediante sistemas convencionales.

Su diseño con brazos de soporte y sin columnas frontales permite adaptar las configuraciones a diferentes longitudes y pesos, teniendo siempre en cuenta las características de las cargas y las condiciones de manipulación.

Para mercancía paletizada, el planteamiento es diferente. Y cuando la prioridad es aumentar la densidad de almacenamiento, los sistemas móviles pueden contribuir a reducir la superficie destinada a pasillos.

No existe, por tanto, una estantería adecuada para cualquier empresa.

Existe una solución adecuada para cada flujo de trabajo, mercancía y espacio.

La clave está en estudiar cómo funciona realmente el almacén antes de decidir qué sistema incorporar.

La tecnología llega después

La automatización también está entrando en los almacenes. Sensores, sistemas de gestión, maquinaria automática y soluciones conectadas permiten controlar y agilizar numerosas operaciones.

Pero automatizar no corrige necesariamente una mala distribución del espacio.

Antes de incorporar tecnología conviene responder preguntas mucho más básicas: qué se almacena, cuánto pesa, cuánto mide, con qué frecuencia se mueve, cómo se accede a ello y cuánto espacio requiere realmente.

Estas cuestiones ayudan a definir una organización coherente con los procesos productivos y permiten valorar posteriormente qué herramientas tecnológicas pueden aportar mejoras.

A partir de ahí, el almacenamiento deja de ser simplemente el lugar donde permanece la mercancía mientras espera.

Se convierte en parte del proceso productivo.

Y quizá por eso uno de los mejores indicadores de que un almacén está bien diseñado sea precisamente que apenas se nota: la mercancía entra, se localiza, se manipula y sale sin que el espacio se convierta en un obstáculo.

En un contexto en el que el espacio logístico adquiere un valor cada vez mayor, la competitividad industrial no depende únicamente de disponer de más metros cuadrados, sino de saber aprovecharlos.

Porque, en ocasiones, crecer no significa ampliar las instalaciones, sino conseguir que las existentes funcionen mejor.