Miquel Pino: «Ser feliz también es un objetivo empresarial».
Tras más de 30 años trabajando mano a mano con empresarios, el economista y Mentor de Empresarios Miquel Pino reivindica una nueva forma de medir el éxito: rentabilidad, sí, pero también tiempo, familia, salud y tranquilidad.
Detrás de cada balance y de cada cuenta de resultados hay una persona. Sin embargo, la gestión emocional de las decisiones empresariales continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes en la dirección de los negocios.
Se habla mucho de empresas, autónomos y pymes. De facturación, ventas, márgenes, empleados, financiación, productividad o crecimiento. Pero bastante menos de la persona que tiene que tomar las decisiones cuando un cliente no paga, un empleado falla, el banco deniega una operación o los problemas del negocio empiezan a afectar a la vida familiar en forma de estrés, cansancio o frustración.
Esa persona es el empresario.
Después de más de tres décadas trabajando a su lado, Miquel Pino ha llegado a una de las principales conclusiones de su trayectoria: detrás de cada empresa hay una persona con miedos, inseguridades, responsabilidades familiares, problemas y noches sin dormir. Sin embargo, mientras la formación empresarial se centra habitualmente en la gestión del negocio, la preparación para afrontar las consecuencias emocionales de dirigir una empresa sigue ocupando un lugar secundario.
Economista, empresario, escritor y Mentor de Empresarios, Pino ha dedicado más de 30 años a trabajar con propietarios de pymes, autónomos y negocios familiares, ayudándoles a dirigir, administrar y hacer crecer sus negocios. A lo largo de su trayectoria profesional ha acompañado a más de 1.300 empresarios.
Ese contacto continuado con la realidad empresarial le ha permitido detectar un patrón: muchos empresarios saben hacer muy bien su trabajo, pero no han recibido la formación necesaria para asumir las responsabilidades de dirigir una empresa.
Trabajar mucho no significa dirigir bien
Muchos empresarios resuelven problemas, atienden clientes, supervisan al equipo, negocian con proveedores, bancos o administraciones y toman prácticamente todas las decisiones. Sin darse cuenta, terminan convirtiéndose en el principal punto de dependencia de su propio negocio.
Según explica Miquel Pino, existen empresarios que dedican innumerables horas a trabajar sin conocer con precisión los márgenes reales de sus productos o servicios. Otros confunden la delegación con el simple reparto de tareas, mientras que muchos han construido empresas incapaces de funcionar sin su presencia constante.
Para Pino, ahí aparece una de las grandes paradojas del pequeño empresario: crear una empresa buscando libertad y terminar siendo imprescindible para que funcione.
En estas circunstancias, el negocio puede acabar convirtiéndose en una especie de jaula para su propietario.
El economista defiende que el empresario debe abandonar progresivamente el papel de hombre o mujer orquesta para asumir el de director de orquesta, desarrollando una estructura empresarial capaz de funcionar sin depender permanentemente de su intervención.
El problema que no aparece en la cuenta de resultados
Existe otra dimensión de la dirección empresarial que, según Pino, recibe todavía menos atención: la emocional.
Un proveedor que falla. Un trabajador que se marcha. Un cliente importante que no paga. Un banco que no renueva financiación. Una inversión que sale mal. O una familia que empieza a sufrir las consecuencias de las horas dedicadas al negocio.
Estas situaciones forman parte de la realidad cotidiana de muchos empresarios, que deben afrontar decisiones complejas mientras gestionan el miedo, la incertidumbre, la frustración, las noches sin dormir o la soledad asociada a la responsabilidad de dirigir un negocio.
Aunque existen numerosas herramientas de formación en finanzas, administración, ventas o estrategia, la preparación emocional para afrontar estas situaciones continúa siendo una de las grandes carencias del ámbito empresarial.
Pino habla desde la experiencia profesional, pero también desde la personal. Ha dirigido empresas, creado negocios, gestionado equipos y cometido errores. Uno de los más importantes estuvo relacionado precisamente con la delegación: depositó demasiada confianza y libertad de acción en una persona de su equipo y acabó sufriendo las consecuencias en uno de sus negocios.
De aquella experiencia extrajo una conclusión que actualmente transmite a otros empresarios: delegar no significa abdicar ni desentenderse de las responsabilidades propias de la dirección.
Su metodología de trabajo parte de esa combinación entre negocio y persona y se resume en las 3 C: Cabeza, Cash y Corazón.
La Cabeza representa la capacidad de tomar decisiones con criterio; el Cash, la necesidad de comprender sus consecuencias económicas y financieras; y el Corazón, la importancia de aprender a gestionar la dimensión emocional de dirigir una empresa.
Facturar millones no garantiza una vida feliz
Esta visión ha llevado a Miquel Pino a cuestionar una de las métricas más utilizadas en el mundo empresarial: la facturación.
Facturar más no siempre significa ganar más.
Una empresa puede aumentar sus ventas y empeorar su rentabilidad. Puede crecer y hacer todavía más dependiente del negocio a su propietario. También puede aumentar de tamaño mientras el empresario pierde tiempo, tranquilidad o calidad de vida.
A lo largo de su trayectoria, Pino ha conocido empresarios con negocios que facturaban millones de euros y que, sin embargo, carecían de tiempo para disfrutar de su vida personal y familiar.
Por ello, propone ampliar la definición tradicional del éxito empresarial.
Desde su perspectiva, el éxito de una empresa también debería medirse por la calidad de vida de su propietario y por el equilibrio entre sus responsabilidades profesionales y personales.
Una empresa rentable no puede considerarse plenamente exitosa si su crecimiento se produce a costa de la salud, las relaciones familiares o la tranquilidad de quien la dirige.
De esta reflexión nace uno de los principales lemas que vertebran su trabajo:
«Ser feliz también es un objetivo empresarial».
Una filosofía que el economista resume mediante una fórmula:
Ingresos – Gastos = Felicidad.
Esta propuesta no resta importancia a los resultados económicos. Al contrario, la rentabilidad constituye una condición imprescindible para la supervivencia de cualquier empresa.
Lo que Pino cuestiona es que la facturación, el dinero o el tamaño del negocio sean, por sí solos, indicadores suficientes para medir el éxito empresarial.
La soledad del empresario: una realidad poco visible
De todos los problemas que ha observado durante estas tres décadas, hay uno al que Miquel Pino concede especial importancia: la soledad.
El propietario de una empresa puede contar con trabajadores, proveedores, clientes, amigos y una familia que le apoya y, aun así, carecer de una persona con la que compartir determinadas preocupaciones y decisiones.
En muchos casos, los empresarios evitan trasladar sus problemas económicos o profesionales al entorno familiar para no generar preocupación. Tampoco los comparten con sus empleados, ante la necesidad de transmitir seguridad y confianza.
Incluso las relaciones con otros empresarios o amigos pueden resultar insuficientes para expresar determinadas inquietudes.
Como consecuencia, muchas de estas preocupaciones terminan acompañando al empresario fuera de su jornada laboral, afectando a su descanso y bienestar emocional.
Por este motivo, Pino insiste en la importancia de normalizar la búsqueda de apoyo y asesoramiento profesional.
Desde su experiencia, contar con una persona de confianza que disponga de mayores conocimientos y haya atravesado situaciones empresariales similares puede resultar determinante para afrontar decisiones complejas y evitar errores.
La figura del mentor empresarial adquiere así una dimensión que va más allá del asesoramiento técnico, al ofrecer también acompañamiento en los momentos de mayor incertidumbre.
Una empresa rentable que también permita vivir
Hijo de un carpintero y una modista, Miquel Pino creció viendo de cerca lo que significa sacar adelante un negocio y una familia.
Más tarde se formó como economista, asesoró empresas desde distintas Cámaras de Comercio, asumió responsabilidades de dirección y desarrolló su propia trayectoria empresarial.
Es autor de Lidera, gana y sé feliz, La mente del nuevo empresario y Nunca digas: A mí no me va a pasar.
Para Pino, una empresa debe ser rentable, sostenible y capaz de generar beneficios, pero también debe permitir al empresario disponer de tiempo, cuidar su salud, disfrutar de su familia y desarrollar una vida personal satisfactoria.
En definitiva, el bienestar personal no debería considerarse una consecuencia secundaria del éxito empresarial, sino uno de sus principales objetivos.
La verdadera rentabilidad de una empresa también debería reflejarse en la calidad de vida de quien la dirige.
Más información: www.miquelpino.com


