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Del Sardinero a la Malvarrosa: el verano cambia de playa

En Santander, la playa forma parte de la ciudad y también de su historia. En 1847, El Sardinero comenzaba a consolidarse como destino de los célebres baños de ola, una práctica que consistía en sumergirse en el mar aprovechando el movimiento de las olas y a la que entonces se atribuían propiedades beneficiosas para la salud. Esta costumbre atrajo a numerosos viajeros y transformó aquel rincón del Cantábrico en uno de los grandes escenarios del veraneo español.

  • Del Sardinero a la Malvarrosa: el verano cambia de playa

En Santander, la playa forma parte de la ciudad y también de su historia. En 1847, El Sardinero comenzaba a consolidarse como destino de los célebres baños de ola, una práctica que consistía en sumergirse en el mar aprovechando el movimiento de las olas y a la que entonces se atribuían propiedades beneficiosas para la salud. Esta costumbre atrajo a numerosos viajeros y transformó aquel rincón del Cantábrico en uno de los grandes escenarios del veraneo español.

Lo que quizá pocos sepan es que, apenas un año después, en 1848, surgía al otro extremo de la península el nombre de otra playa destinada a convertirse en símbolo de su ciudad: la Malvarrosa.

Dos playas urbanas, dos paseos marítimos y dos ciudades que han aprendido a vivir mirando al mar. El Sardinero y la Malvarrosa comparten mucho más que su arena: son lugares de encuentro, de gastronomía, de paseos y de recuerdos estivales. Sin embargo, cuando termina la temporada alta, sus paisajes empiezan a contar historias diferentes. Y ahora, gracias a una nueva conexión aérea directa, descubrir esas diferencias resulta mucho más sencillo.

Cuando Cantabria se abriga, el Mediterráneo sigue disfrutando del sol

Santander y València comparten una relación especial con el mar, pero sus otoños no son iguales. Según los valores climatológicos de AEMET, Santander registra máximas de unos 16ºC en noviembre y 14ºC en diciembre, frente a los casi 20ºC y 17ºC de València. Una diferencia que también se aprecia en las horas de sol: en diciembre, la capital cántabra registra una media de 74 horas, mientras que la valenciana alcanza las 155.

Una buena razón para cambiar durante unos días el Cantábrico por el Mediterráneo y seguir disfrutando de las terrazas, los paseos junto al mar y los planes al aire libre.

Y hacerlo será todavía más fácil a partir de noviembre. Desde Santander, basta alrededor de una hora y veinte minutos de vuelo para aterrizar en la capital del Turia. Una vez allí, esta ruta de tres días es solo una manera de empezar a descubrir una ciudad que combina historia, gastronomía, naturaleza y una estrecha relación con el mar. Una propuesta para dejarse llevar y conocer algunas de las muchas caras deValència.

Día 1. Del Mercat Central a las terrazas de Ciutat Vella

La primera parada es el Mercat Central, donde los productos de la huerta, pescados, carnes, salazones y especialidades locales muestran una cultura gastronómica que resultará familiar al visitante cántabro: el respeto por la materia prima.

De las anchoas de Santoña a los productos de la huerta valenciana, cambian los sabores, pero permanece la importancia del origen y de las recetas tradicionales.

El recorrido continúa por Ciutat Vella entre plazas, edificios históricos y calles llenas de gente y bullicio. El paseo abre el apetito y la cocina valenciana se encarga del resto, con una comida de producto y una sobremesa en alguna de sus terrazas.

Porque si algo comparten Cantabria y València es que la buena gastronomía también es una forma de disfrutar del territorio.

Día 2. Arrozales, tradición y una tarde frente al Mediterráneo

El segundo día conduce hasta la Albufera, un paisaje donde el agua, los arrozales y las barcas forman parte de la identidad valenciana.

Para quien conoce las marismas de Santoña o los paisajes de las rías cántabras, será interesante descubrir otra manera de convivir con el agua. Dos territorios con ecosistemas diferentes, pero con una relación histórica entre naturaleza, actividad humana y gastronomía.

La siguiente parada es El Palmar, donde merece la pena probar una paella cocinada lentamente al fuego de leña. Del cocido montañés a los arroces valencianos, ambas cocinas conservan recetas que hablan de sus orígenes y que siguen reuniendo a generaciones alrededor de una mesa.

Después de comer, la ruta continúa hacia la costa. Una tarde para caminar por la Malvarrosa, sentarse frente al mar y descubrir que, aunque el calendario marque otoño, el Mediterráneo todavía ofrece muchos motivos para disfrutar de la playa.

Día 3. La València más contemporánea antes de regresar al Cantábrico

La última jornada permite descubrir otra cara de la ciudad con una visita a la Ciutat de les Arts i les Ciències, un gran espacio futurista dedicado a la cultura, la ciencia y la naturaleza, situado en el antiguo cauce del Turia.

L'Hemisfèric, el Museu de les Ciències y L'Oceanogràfic ofrecen diferentes propuestas antes de emprender el regreso. Y, una vez más, el mar vuelve a conectar ambos destinos: L'Oceanogràfic pone el broche a un viaje entre dos territorios que miran a aguas diferentes, pero que han construido buena parte de su identidad alrededor de ellas.

Tres días son solo una forma de empezar. València siempre guarda otros barrios, paisajes y sabores para una próxima visita.

Del Cantábrico al Mediterráneo, ahora con más vuelos directos

Viajar entre Santander y València será todavía más sencillo a partir de noviembre. A la conexión ya existente de Volotea se suma la nueva ruta directa de Wizz Air, con dos frecuencias semanales. El trayecto dura aproximadamente 1 hora y 20 minutos: poco más de una hora para cambiar de costa, de paisaje, de gastronomía y de ritmo.

València espera a sus visitantes. En las agencias Halcón Viajes y B travel pueden encontrarse distintas propuestas para descubrir la ciudad a través de su gastronomía, cultura, Mediterráneo, naturaleza y mucho más. Cada viajero puede elegir cómo vivir la experiencia.

Santander y València comparten su pasión por el mar. Ahora, además, están mucho más cerca.

El verano no se acaba. Cambia de sitio.

Para obtener más información, se puede consultar la página web.

En Santander, la playa forma parte de la ciudad y también de su historia. En 1847, El Sardinero comenzaba a consolidarse como destino de los célebres baños de ola, una práctica que consistía en sumergirse en el mar aprovechando el movimiento de las olas y a la que entonces se atribuían propiedades beneficiosas para la salud. Esta costumbre atrajo a numerosos viajeros y transformó aquel rincón del Cantábrico en uno de los grandes escenarios del veraneo español.

Lo que quizá pocos sepan es que, apenas un año después, en 1848, surgía al otro extremo de la península el nombre de otra playa destinada a convertirse en símbolo de su ciudad: la Malvarrosa.

Dos playas urbanas, dos paseos marítimos y dos ciudades que han aprendido a vivir mirando al mar. El Sardinero y la Malvarrosa comparten mucho más que su arena: son lugares de encuentro, de gastronomía, de paseos y de recuerdos estivales. Sin embargo, cuando termina la temporada alta, sus paisajes empiezan a contar historias diferentes. Y ahora, gracias a una nueva conexión aérea directa, descubrir esas diferencias resulta mucho más sencillo.

Cuando Cantabria se abriga, el Mediterráneo sigue disfrutando del sol

Santander y València comparten una relación especial con el mar, pero sus otoños no son iguales. Según los valores climatológicos de AEMET, Santander registra máximas de unos 16ºC en noviembre y 14ºC en diciembre, frente a los casi 20ºC y 17ºC de València. Una diferencia que también se aprecia en las horas de sol: en diciembre, la capital cántabra registra una media de 74 horas, mientras que la valenciana alcanza las 155.

Una buena razón para cambiar durante unos días el Cantábrico por el Mediterráneo y seguir disfrutando de las terrazas, los paseos junto al mar y los planes al aire libre.

Y hacerlo será todavía más fácil a partir de noviembre. Desde Santander, basta alrededor de una hora y veinte minutos de vuelo para aterrizar en la capital del Turia. Una vez allí, esta ruta de tres días es solo una manera de empezar a descubrir una ciudad que combina historia, gastronomía, naturaleza y una estrecha relación con el mar. Una propuesta para dejarse llevar y conocer algunas de las muchas caras deValència.

Día 1. Del Mercat Central a las terrazas de Ciutat Vella

La primera parada es el Mercat Central, donde los productos de la huerta, pescados, carnes, salazones y especialidades locales muestran una cultura gastronómica que resultará familiar al visitante cántabro: el respeto por la materia prima.

De las anchoas de Santoña a los productos de la huerta valenciana, cambian los sabores, pero permanece la importancia del origen y de las recetas tradicionales.

El recorrido continúa por Ciutat Vella entre plazas, edificios históricos y calles llenas de gente y bullicio. El paseo abre el apetito y la cocina valenciana se encarga del resto, con una comida de producto y una sobremesa en alguna de sus terrazas.

Porque si algo comparten Cantabria y València es que la buena gastronomía también es una forma de disfrutar del territorio.

Día 2. Arrozales, tradición y una tarde frente al Mediterráneo

El segundo día conduce hasta la Albufera, un paisaje donde el agua, los arrozales y las barcas forman parte de la identidad valenciana.

Para quien conoce las marismas de Santoña o los paisajes de las rías cántabras, será interesante descubrir otra manera de convivir con el agua. Dos territorios con ecosistemas diferentes, pero con una relación histórica entre naturaleza, actividad humana y gastronomía.

La siguiente parada es El Palmar, donde merece la pena probar una paella cocinada lentamente al fuego de leña. Del cocido montañés a los arroces valencianos, ambas cocinas conservan recetas que hablan de sus orígenes y que siguen reuniendo a generaciones alrededor de una mesa.

Después de comer, la ruta continúa hacia la costa. Una tarde para caminar por la Malvarrosa, sentarse frente al mar y descubrir que, aunque el calendario marque otoño, el Mediterráneo todavía ofrece muchos motivos para disfrutar de la playa.

Día 3. La València más contemporánea antes de regresar al Cantábrico

La última jornada permite descubrir otra cara de la ciudad con una visita a la Ciutat de les Arts i les Ciències, un gran espacio futurista dedicado a la cultura, la ciencia y la naturaleza, situado en el antiguo cauce del Turia.

L'Hemisfèric, el Museu de les Ciències y L'Oceanogràfic ofrecen diferentes propuestas antes de emprender el regreso. Y, una vez más, el mar vuelve a conectar ambos destinos: L'Oceanogràfic pone el broche a un viaje entre dos territorios que miran a aguas diferentes, pero que han construido buena parte de su identidad alrededor de ellas.

Tres días son solo una forma de empezar. València siempre guarda otros barrios, paisajes y sabores para una próxima visita.

Del Cantábrico al Mediterráneo, ahora con más vuelos directos

Viajar entre Santander y València será todavía más sencillo a partir de noviembre. A la conexión ya existente de Volotea se suma la nueva ruta directa de Wizz Air, con dos frecuencias semanales. El trayecto dura aproximadamente 1 hora y 20 minutos: poco más de una hora para cambiar de costa, de paisaje, de gastronomía y de ritmo.

València espera a sus visitantes. En las agencias Halcón Viajes y B travel pueden encontrarse distintas propuestas para descubrir la ciudad a través de su gastronomía, cultura, Mediterráneo, naturaleza y mucho más. Cada viajero puede elegir cómo vivir la experiencia.

Santander y València comparten su pasión por el mar. Ahora, además, están mucho más cerca.

El verano no se acaba. Cambia de sitio.

Para obtener más información, se puede consultar la página web.